El problema de esta nueva adaptación de la novela gráfica de Roald Dahl no es, necesariamente, que sea una película para chicos con efectos especiales sino que no tiene ideas visuales para contarla de manera atractiva.
Si bien en algunos momentos la película se acerca a un enfoque de denuncia ecologista, las experiencias vividas por el protagonista le aportan un carácter más personal y reflexivo. Es breve y amena.
Funciona, también, por el apego del guión a una estructura genérica pura y dura que, si bien podría ser un poco más compleja en lo que respecta a lo específico de la trama, no permite confusión alguna.
Todo apunta a que Erlingsson estuvo estudiando AL AZAR BALTAZHAR, de Robert Bresson. Y, al menos en ese aspecto de su comedia dramática, logró acercarse un poco al maestro.
Se queda a mitad de camino y no llega a ser la muy buena comedia que prometía. De cualquier manera, con sus desniveles, encuentra varios momentos de humor inesperados.
Arranca como un buen filme de aventuras, pero posteriormente se ve dominado por los efectos especiales. Es entretenida y cuenta con momentos disfrutables, aunque al final resulta ser inferior a lo esperado.
Tiene momentos fascinantes y visualmente ricos que van creando un relato que es, a la vez, pura fantasía pero que está sostenido en sensaciones y sentimientos humanos.
Fuerte, incómoda, áspera. No es una pintura simpática ni amable; es, en cierto modo, bastante cruel. Sin embargo, la película logra ser convincente en su narración casi clínica, seca y distante.