Su inteligente, cómico y politizado planteo –y su estudiado formato de gélida comedia– resulta inmediatamente atrapante, pero el realizador no logra sostener el interés durante los 120 minutos que dura la película.
Seguramente fue una muy buena obra de teatro cuando se estrenó hace casi 40 años y lo sigue siendo ahora. No creo que pueda ser considerada cine, pero funciona.
El problema de 'Colette' radica en los recursos y en la forma en que se narra la historia. Es un academicismo puro, utilizando sistemas narrativos tradicionales que son tan antiguos como el patriarcado que la película –y la protagonista– intentan desafiar.
Usando los códigos clásicos del género pero en un estilo más reflexivo y político que puramente estructural, logra un relato notable sobre la violencia racial.
Haynes construye un bellísimo y emocionante relato acerca de hacerse grande y descubrir las maravillas que, pese a todas las dificultades, el mundo tiene para ofrecer.
La película presenta al personaje y a la situación de una manera tan blanda y banal que termina pasteurizando todo el asunto, desexualizándolo por completo y 'hollywoodizándolo' de principio a fin.
Es una película pequeña, pero, al menos en esta etapa irregular de su vida profesional, prueba que todavía al viejo Allen le quedan unos conejos en la galera.
Más realista que la mayoría de sus otros filmes, menos orientado a un público infantil, es una suerte de épica de los sueños nacionales de un imperio que pronto iban a caer con una fuerza.
Una extraordinaria primera parte se resquebraja un poco en la segunda, con ella ya adulta. Sin embargo, sigue siendo un ejercicio de mucho mayor resonancia emocional e imaginación que su famosa hermana mayor francesa.
Es una película banal, un juego de adivinanzas y referencias culturales que quedaría berreta hasta en un suplemento cultural de fin de semana de los diarios.
Un homenaje a la comedia clásica que entiende cuáles son los mecanismos para su mejor funcionamiento y que trata de aggiornarla con el humor más ácido que da el tiempo y la distancia.
Se siente como un producto de una época pasada. Si uno acepta el tono de la propuesta, el film funciona. Clooney es un buen narrador y organiza el relato con energía, humor y poniendo el énfasis donde hay que ponerlo.
Gracias más que nada a las actuaciones de Mulligan y Fiennes y al interés que el histórico hallazgo arqueológico posee por sí mismo, 'La excavación' no pierde del todo su atractivo ni su fuerza.
Un homenaje audiovisual a un estilo, una manera de hacer películas que ya ha desaparecido para siempre. (...) una reflexión sobre el cine como proceso, como trabajo, como arte.