Elegante, prolija, bien actuada, por lo general bastante efectiva en la manera en la que lidia con la compleja estructura temporal y narrativa que propone.
Sobria y delicada, claramente no pensada como un producto comercial para los millones de fans de la estrella pop funciona como un emotivo repaso de una época dura.
Una película bastante más digna que lo que uno imagina por su problemática producción. Sí, se torna previsible, obvia y un tanto repetitiva, pero es un film de suspenso con algunos momentos inquietantes y un par de ideas inteligentes.
Es un ejercicio de estilo, una simpática, muy bien armada y nostálgica «confección» que se disfruta por su estructura, su humor y ligereza, y que sabe encontrarle inteligentes giros a la historia real de la que parte y sobre la que se inspira.
En esta calesita del horror, en esta fábula de Caperucita Roja frente a docenas de lobos feroces, las palmas se las lleva Ana de Armas, la verdadera revelación de esta singular, ambiciosa y por momentos notable película.
Audaz y original, la serie nos invita a contemplar su propia esencia como un "estado de la mente". Se asemeja a una regresión a la infancia, al hogar y a la familia, evocando la noción de "las cosas como deben ser".
La película es bastante más que un ejercicio de estilo vacuo, ya que formalmente respeta y responde a los cánones del cine de la época sin hacer guiños estilísticos para audiencias modernas.
La primera entrega cinematográfica del megaproyecto transmedia «DAU» es una cruenta, potente y muy dura mirada a la vida en un instituto científico soviético rigurosamente vigilado.
No hay dudas que las ideas de la serie son correctas y apropiadas pero por momentos los guionistas aplican esas ideas de una forma demasiado lineal, sin dar espacio para la ambigüedad y el misterio que son propios del género en esta vertiente.
Una actualización a estos tiempos de los modos y temas del melodrama cinematográfico de los años ’50, en sus modos elegantes y sutiles, encuentra el modo de ser políticamente comprometida y hasta audaz.
El secreto de 'State Funeral' radica en permitir que el material hable por sí mismo, sin editorializar, o haciéndolo de manera muy sutil. Se tiene la impresión de que la crítica se sostiene por el propio peso de lo que observamos.
Tiene momentos de sorprendente humor y liviandad, que aligeran la densidad de lo que está sucediendo. Y, aunque no lo parezca de entrada, se trata de una gran historia de amor.