El realizador logra hacer suya la historia llevándola a un terreno más propio y ligado, en cierto modo, a sus films anteriores. De hecho, tiene tanto peso en la ficción el lado «timorato» del protagonista como su costado gracioso.
Es un film demasiado limitado para sus ambiciones, demasiado esquemático para funcionar como una memoir personal. Su problema no pasa necesariamente por no querer ensuciarse en las más complicadas arenas políticas de la historia.
El problema de 'El misterio de Soho', algo que suele sucederle a menudo a Wright, es que es muy buena en lo que respecta a la construcción del mundo que habitan los personajes pero luego no logra salir de esa perfectamente decorada cáscara.
Es un film contemplativo que obliga al espectador a prestar atención a los detalles y que funciona narrativamente gracias a la tensión inherente a los relatos de exploración.
Es una película bella y amarga, por momentos desoladora y triste, que está menos preocupada en construir un thriller atractivo que en que sintamos, en todo momento, las consecuencias de los actos de esos hombres.
Más que cualquier otra cosa, 'El juicio de los 7 de Chicago' se presenta como un llamado a la unidad entre los sectores progresistas de Estados Unidos frente a un enemigo común que no cederá en su empeño por alcanzar sus objetivos.
Este film es más ambicioso no solo en lo que respecta a su duración sino que intenta ser una mirada mucho más global a los sucesos que transcurrieron en el mítico instituto de investigación científica que existió en la Unión Soviética.
Es tradicional en todos los sentidos, con personajes cálidos y carismáticos que actúan más como portavoces de ideas que como individuos complejos. Es un cine de estilo clásico, pero en esta ocasión se presenta de manera efectiva.
Una película dolorosa y directa, casi confesional. La puesta en escena es más plana, menos afectada, más sencilla y simple, por momentos casi “japonesa” en el sentido Ozu del término.
Es entretenido, un poco ridículo y psicológicamente muy banal. Pero gana la batalla por energía y la inteligencia de hacer nuevas versiones de sus canciones interpretadas por Taron Egerton y el resto del elenco.
El problema con 'Seberg' radica no solo en la escasa información que proporciona sobre la actriz antes de los eventos retratados, sino también en su incapacidad para narrar adecuadamente la etapa seleccionada.
Una película rudimentaria y entretenida, elevada por dos actores extraordinarios. Pero de ahí a ser considerada la mejor película del año por cualquier Academia hay una distancia enorme, tan grande como las que hay entre está fábula y la realidad.
El problema de 'El vicepresidente' es que buena parte de ese humor es de trazo grueso, simplista, obvio, de sketch televisivo que no supera lo ingenioso.