Más allá de su excesiva duración, EL CONJURO 2 funciona por donde se la mire y es más que probable que sea la secuela que mejor funcione comercialmente entre las estrenadas este año.
Por lo general, Wheatley logra que los pequeños desafíos que aparecen sean comprensibles para el espectador. Sin embargo, no consigue mantener el interés hasta el final.
Se trata de una película de muy bajo presupuesto que, con una trama bastante sólida y un recurso estético bien manejado, logra darle algo de vida a un género en vías de agotamiento.
Es una película que está al borde de la autoparodia, pero de todos modos consigue mantenerse a raya y a proponer algunos asuntos afectivos, emocionales y laborales que son identificables en el mundo real.
Strickland demuestra ser un cineasta inglés singular, alguien que observa el mundo desde una perspectiva que se aleja de la insularidad geográfica de su país.
La película es un poco celebratoria de su controvertida figura, pero ése es el menor de sus problemas. El mayor es no tener nada más que una actuación que la sostenga.
Arriesgada y potente. Filipelli va a un grado más básico y primal de las relaciones políticas: la puesta en escena de ideas, el debate, la contradicción.
La película logra un nivel de sutileza y profundidad que se debe principalmente al desempeño de Colman, ya que el guión cae en numerosos clichés, conexiones forzadas y múltiples finales.
Una mirada poética, desgarrada y bastante dark de la existencia. Y una celebración de la voracidad del amor como último bastión frente a todos los males del mundo.
Más allá de caer en ciertos clichés, la película tiene una bienvenida luminosidad que la vuelve tierna. La combinación de materiales documentales o de ficciones de la época para retratar las calles y los ambientes parisinos le suman credibilidad y encanto.
El director no solo respeta la novela en su recorrido narrativo, sino que también se mantiene fiel a su tono de elaborada sátira. La sofisticada comedia se vuelve gradualmente más oscura, pero sin perder su esencia sarcástica.
Es la más medida de sus películas, siempre en relación con su propio y distintivo estilo. Este ligero acercamiento a una realidad más tangible está relacionado con la confrontación, casi en un sentido terapéutico, de su pasado, similar a la obra 'Amarcord' de Fellini.
Las intenciones, entonces, de develar/revelar secretos de los ’70, podrán ser nobles y valiosas. Los resultados de 'Cómplices del silencio', lamentablemente, son decepcionantes.
Un policial romántico y grandilocuente, que fusiona la tradición del film noir con elementos típicos del cine europeo. La película posee una indudable potencia y energía, en gran parte gracias a su intenso elenco.
Puede tener algunas inconsistencias o reiteraciones, es cierto, pero es un cine abierto, generoso, que respira, transmite vitalidad, amor por el mundo y por la gente que lo habita.