No es que se trate de un film impresentable ni mucho menos, pero le falta ese toque de calidad extra, ese plus que ha vuelto memorables a muchos títulos coreanos de acción.
Tiene el valor de ser una historia que saca a la luz, de un modo comercialmente accesible y romántico, un complicado pasado con el que ese país recién ahora está empezando a lidiar.
El guion es lo que sostiene a esta película como una obra de género valiosa e inteligente, lo suficientemente compleja para evitar caer en la Obviedad, sin perder nunca de vista su deuda con el espíritu del terror de clase B.
Todo se maneja en un bajo perfil, sin altisonancias ni discursos obvios. a León le juega a favor esa discreción: una puesta en escena precisa pero no vistosa y un tono que apuesta más por el dolor y la tristeza que por la más convencional denuncia.
La película logra ensamblar de manera excepcional todos los elementos que la componen, lo cual resulta especialmente sorprendente considerando que se trata del primer guión de un cineasta de tan solo 25 años.
[Crítica 2ª temporada]: 'Tokyo Vice' es una serie valiosa por sí misma y en la segunda temporada parece haberse asentado en sus temas más interesantes.
Miranda y Garfield aportan al filme una energía contagiosa, tanto en la dirección como en la actuación y habilidades musicales del británico. Es precisamente esto, más que las canciones por sí solas, lo que infunde vitalidad a este musical.
Pensar en una época desde una perspectiva diferente puede llevar a un reduccionismo asociado a las hipótesis que se manejan al realizar obras documentales, las cuales tienden a simplificar el contexto centrando su atención en los aspectos más evidentes.
El primer filme de esta trilogía de terror busca rendir homenaje a la vertiente «slasher» del género, aunque no lo logra completamente. Sin embargo, se deja entrever la posibilidad de que sus secuelas (en realidad, precuelas) logren pulir mejor la propuesta.
Se trata de una película cálida y modesta, que encuentra su tono recién promediando el relato. El encanto terminará pasando por ahí, por ser una película mucho más tierna y nostálgica de lo que parece en un principio.
No hay nada más predecible y festivalero que películas como 'Climax'. Es un choque eléctrico cuyo único propósito parece ser desestabilizarnos. Más allá de eso, no hay mucho más que ofrecer. En realidad, solo un enorme desperdicio de talento.
El film puede no resultar apasionante en términos de suspenso, pero siempre se muestra inteligente, sobrio y justo tanto con sus protagonistas como con el público.
Sobradora, patética y canchera, solo cuenta en su favor con un par de notables actuaciones. Por lo demás, es una brusca y condescendiente comedia sobre gente horrible haciéndose cosas horribles los unos a los otros.
Con una actuación excepcional de Nahuel Pérez Biscayart, este notable filme documenta de manera urgente y a la vez sensible los primeros años de la militancia contra la indiferencia del gobierno francés y las farmaceúticas para visibilizar y tratar el tema del sida.