La película es un constante y fascinante desvarío en su primera mitad, pero a medida que avanza, la trama parece circular en torno a sí misma y el humor comienza a perder fuerza.
Es como una película sobre el menemismo contada por alguien que la vivió desde adentro y que, si bien fue levemente condenado y admite sus excesos, en el fondo no termina de estar del todo arrepentido.
Lo que EL FUTURO logra muy bien es poner al espectador en el centro de esa acción y dar la sensación de que el material podría haber sido filmado en esa época.
Es una película que complejiza la mirada del espectador, lo obliga a observar los bordes del cuadro, lo implica en entender qué es lo que realmente se está jugando en ese hospital, con esa gente, con esas vidas.
Una mirada diferente hacia esos años de la dictadura: contar desde un micromundo, el clima, la tensión y el horror de una etapa que va llegando a su fin.
La película logra ensamblar de manera excepcional todos los elementos que la componen, lo cual resulta especialmente sorprendente considerando que se trata del primer guión de un cineasta de tan solo 25 años.
Funciona como una comedia de enredos profesionales, pero en términos generales lo que ofrece es una mirada con cierto dejo amargo sobre las «víctimas» que dejan los cambios tecnológicos.
Por momentos la película de Atef se acerca a la parodia, rozando el ridículo. Evitar caer en eso es una de las fortalezas de esta cinta, que aunque es aceptable, podría haber sido mucho más interesante.