Panos Cosmatos presenta una obra que resuena en la misma sintonía que el protagonista. Es una película intensa, repleta de excesos, casi delirante, violenta, impactante y a la vez absurda. Todo esto se combina de manera única. Cage, por supuesto, brilla en su rol.
Ya sin la sorpresa de la primera temporada y con una trama un tanto redundante, esta “segunda parte” de la serie de Netflix logra superar sus problemas narrativos gracias a sus encantadores personajes y a un notable elenco.
La película es sumamente divertida y logra ser efectiva en cada chiste, situación y diálogo del elenco principal. Además, destaca por el hecho de que está filmada con un estilo que evoca a las producciones de épocas pasadas.
Es una película que complejiza la mirada del espectador, lo obliga a observar los bordes del cuadro, lo implica en entender qué es lo que realmente se está jugando en ese hospital, con esa gente, con esas vidas.
La película logra ensamblar de manera excepcional todos los elementos que la componen, lo cual resulta especialmente sorprendente considerando que se trata del primer guión de un cineasta de tan solo 25 años.
Por momentos la película de Atef se acerca a la parodia, rozando el ridículo. Evitar caer en eso es una de las fortalezas de esta cinta, que aunque es aceptable, podría haber sido mucho más interesante.
Es un tanto limitada en acción y ligera en violencia para los más jóvenes y quizás un poco lejos del interés de un público de similar edad a la de sus personajes.
Miranda y Garfield aportan al filme una energía contagiosa, tanto en la dirección como en la actuación y habilidades musicales del británico. Es precisamente esto, más que las canciones por sí solas, lo que infunde vitalidad a este musical.
Pensar en una época desde una perspectiva diferente puede llevar a un reduccionismo asociado a las hipótesis que se manejan al realizar obras documentales, las cuales tienden a simplificar el contexto centrando su atención en los aspectos más evidentes.
El primer filme de esta trilogía de terror busca rendir homenaje a la vertiente «slasher» del género, aunque no lo logra completamente. Sin embargo, se deja entrever la posibilidad de que sus secuelas (en realidad, precuelas) logren pulir mejor la propuesta.
La película se presenta como una representación impactante de los años de descalabro social y de los fracasos de los proyectos políticos que han buscado solucionarlo.
Más allá de que se excede con las vueltas de tuerca en el guion, algo común en las narrativas del cine coreano, la película resulta bastante coherente y efectiva.
No hay nada más predecible y festivalero que películas como 'Climax'. Es un choque eléctrico cuyo único propósito parece ser desestabilizarnos. Más allá de eso, no hay mucho más que ofrecer. En realidad, solo un enorme desperdicio de talento.