No ofrece muchas revelaciones sobre el caso ni tiene mucho interés cinematográfico. Sin embargo, es valioso para escuchar los testimonios y observar los rostros, gestos y expresiones de las mujeres que vivieron esas horrendas experiencias.
La película es extensa y resulta algo repetitiva en su estructura, mostrando escenas que son excesivamente similares entre sí. Además, el filme carece de originalidad y se aleja de la esencia de otras obras de Ozon.
Es entretenida y sus siete episodios se consumen vorazmente, su éxito deja en claro que hay muchos espectadores que añoran la época de una TV que no se tomaba tan en serio a sí misma.
Una labor excepcional de Isabelle Huppert en un filme potencialmente controvertido que pone patas para arriba algunos conceptos actuales de la corrección política.
La película es tensa y Dutra maneja con solvencia la combinación entre el elemento “thriller” y el más centrado en la relación de pareja, llegando a un final que funciona bastante bien en términos de suspenso.
Es una película que rescata el compromiso con el trabajo y, ante todo, la inquebrantable ética y hasta el sacrificio de los que mejor se desempeñan en esta complicada y apasionante profesión.
En algunos momentos, la película se siente un tanto sobrecargada de simbolismos y temas demasiado evidentes, pero eso rara vez disminuye la intensidad o el impacto de EL CLUB.
La interpretación de Nicolás Zárate destaca, revelando aspectos clave de una película que, desde lo narrativo, resulta algo confusa y toca lo morboso en su puesta en escena.
Lo que produce en términos cinematográficos no es muy rico ni en tensión ni en suspenso. Y la película avanza de una manera cansina y rutinaria, oscura y sin mucho vuelo cinematográfico.
Más allá de dos o tres escenas espectaculares ubicadas al principio del filme, la película no tiene demasiado para contar y se va desvaneciendo de a poco.
La película presenta algunas obviedades y las actuaciones secundarias resultan poco convincentes. Sin embargo, al abordar un tema complicado y áspero, Rocca opta por un tono bajo, medido y sutil.
Acá no hay nada de encantador ni brillante en lo que se muestra ni en la puesta en escena: la historia no lo requiere y el realizador lo evita. Y así es que el espectador se transforma en un lector que imagina las cosas terribles que el director cuenta.
Es una historia sobre bullying que alcanza dimensiones grotescas y brutales, más cerca de 'Carrie' o del llamado torture porn que de un drama serio sobre el tema.
Quizás haya una reflexión un tanto más compleja, pero la historia en sí no logra sostenerla de una manera creíble. Son anécdotas e ideas sueltas en una película que nunca se encuentra del todo a sí misma.
Es una película menor y con bastantes problemas, eso es innegable, pero también se lo siente como un film honesto sobre padres, hijos y todas las cosas que quedan en el medio.