Una labor excepcional de Isabelle Huppert en un filme potencialmente controvertido que pone patas para arriba algunos conceptos actuales de la corrección política.
La película es tensa y Dutra maneja con solvencia la combinación entre el elemento “thriller” y el más centrado en la relación de pareja, llegando a un final que funciona bastante bien en términos de suspenso.
La interpretación de Nicolás Zárate destaca, revelando aspectos clave de una película que, desde lo narrativo, resulta algo confusa y toca lo morboso en su puesta en escena.
Lo que produce en términos cinematográficos no es muy rico ni en tensión ni en suspenso. Y la película avanza de una manera cansina y rutinaria, oscura y sin mucho vuelo cinematográfico.
Más allá de dos o tres escenas espectaculares ubicadas al principio del filme, la película no tiene demasiado para contar y se va desvaneciendo de a poco.
La película presenta algunas obviedades y las actuaciones secundarias resultan poco convincentes. Sin embargo, al abordar un tema complicado y áspero, Rocca opta por un tono bajo, medido y sutil.
Acá no hay nada de encantador ni brillante en lo que se muestra ni en la puesta en escena: la historia no lo requiere y el realizador lo evita. Y así es que el espectador se transforma en un lector que imagina las cosas terribles que el director cuenta.
Quizás haya una reflexión un tanto más compleja, pero la historia en sí no logra sostenerla de una manera creíble. Son anécdotas e ideas sueltas en una película que nunca se encuentra del todo a sí misma.
Es una película menor y con bastantes problemas, eso es innegable, pero también se lo siente como un film honesto sobre padres, hijos y todas las cosas que quedan en el medio.
Cumple a la perfección con esa idea de un «estilo internacional» o hollywoodense para narrar historias. Si bien tiene muchas particularidades que son inconfundibles, no estamos ante un film de autor de esos países.
Plantea un escenario interesante para desarrollar personajes pero de a poco va entrando en terrenos más previsibles y empujando las cuerdas más melodramáticas del relato de una manera que se siente demasiado forzada y fuera de tono.
Es un filme melancólico, triste, poético y por momentos bello acerca de la dificultad de crecer sabiéndose diferente a los demás y no poder hacer nada para evitar las humillaciones del caso.
Baigazin demuestra un gran control narrativo, una inteligente puesta en escena que deja muchas escenas clave fuera de campo o elididas, y un notable trabajo de todos los chicos actores.