Ulman debuta en el cine con una comedia amigable que también deja una sensación sombría y dramática. Aunque no puede considerarse completamente original, al menos ofrece una perspectiva diferente dentro del a menudo predecible contexto hispanoamericano.
Como 'First Cow' o 'Minari', el film de Zhao presenta un tono sereno, una narrativa concisa y una notable capacidad de observación del mundo real, lo que lo distingue del resto de producciones convencionales.
Intenta ser una metareflexión sobre el arte y la creación similar a las que suelen aparecer en las obras de Charlie Kaufmann, pero en realidad se asemeja más a una terapia psicoanalítica presentada como un extenso ejercicio de danza contemporánea.
Una más que aceptable película que aborda un tema complicado y que, en mi opinión, supera sus desafíos de manera notable en comparación con otros relatos similares que han tenido más éxito comercial.
El filme ofrece un retrato crítico y bien logrado de las dificultades que enfrenta un hombre para adaptarse a las estrictas y algo incomprensibles normas de la ortodoxia religiosa.
Cuando un director es capaz de crear un mundo en el que no conocemos las reglas y logra captar nuestro interés en lo que sucede, me dejo llevar por sus exploraciones.
Imágenes en 16mm y fragmentos de material fílmico deteriorado sirven para retratar el lugar y, de alguna manera, interactuar con sus habitantes, quienes convierten el espacio en un asombroso patio de recreo.
Es un tipo de film amable, menor, que no molesta ni resulta imposible de mirar pero al que le falta gracia, fuerza y hasta potencia en los momentos supuestamente más dramáticos.