Es cierto que el drama de los personajes nunca alcanza el interés que tiene el material de archivo, pero evidencia claramente las frustraciones de las generaciones que crecieron a la sombra de esta ilusión nuclear.
Son esos encuentros y momentos compartidos entre colegas los que aportan esa autenticidad que la película logra, permitiéndole eludir el cliché a pesar de utilizarlo.
Es una película accesible que jamás pierde la línea –uno podría decir, usando el viejo cliché, que «se deja ver»– pero que que tampoco deja huella alguna.
Más allá de que su segunda mitad no esté a la altura de la promesa inicial, es evidente que Bodin aprovecha un guion que, en otras manos, podría haberse limitado a repetir fórmulas de acumulación de golpes de efecto.
La película puede volverse un tanto reiterativa en su fórmula en algún momento, pero casi siempre Bertino encuentra alguna salida inesperada a los problemas que su propio guion le presenta.
Una visión del mundo de alguien que parece acercarse desde una computadora, penetrarla, pasar de lo virtual a lo real y quedarse un tiempo ahí intentando entender qué pasa. En 'El auge del humano 3' lo que hay es experimentación visual, de principio a fin.
La belleza de 'My Mexican Bretzel' radica en la combinación de sus impresionantes imágenes, que han sido magníficamente conservadas y restauradas, junto con los textos que guían el drama y la estética de la obra.
Es un interesante acercamiento a un fenómeno muy actual pero su larga duración termina afectando sus resultados, ya que es una película con grandes momentos que se terminan perdiendo un poco a lo largo del relato
La cámara desenfrenada y descontrolada, característica del cine de Williams, presenta en este cortometraje un elemento singular que modifica, para bien, la dirección de su obra.
Más allá de esas discutibles elecciones formales, el filme funciona como una nueva mirada de Lockhart a un universo ya explorado en filmes previos realizados.
Remite al juego infantil, con sus fondos falsos, su escenografía simple, sus trucos de prestidigitador de esquina, que logra hipnotizar al espectador con sus pases de magia.
Es una película imponente y con imágenes potentes. Pero narrativamente, Caballero presenta un delirio puro, con un tono casi lynchiano que en ocasiones resulta episódico y excesivamente casual.