'Fair Play' es –más allá de sus imperfecciones– el tipo de película compleja, inteligente y bastante audaz que raramente estrena Netflix fuera de las tres o cuatro que presenta para «la temporada de los premios».
Opera como una inteligente y curiosamente desafiante mirada al presente y al futuro a partir de un relato alejado, en lo formal, de cualquier tipo de realismo pero claramente insertado en el aquí, el ahora y, más que nada, en el futuro.
A pesar de su simplicidad, esta película es realmente efectiva y guarda similitudes con "Un mundo perfecto", la obra de Clint Eastwood. Sin embargo, lo que le impide alcanzar la grandeza de ese clásico es una falta de emotividad que no logra plasmar.
La película abraza con todo el pasado y el estilo de la saga, y la originalidad que se pierde se gana en cierta efectividad y algunos golpes emocionales que, al menos a los viejos fans del balbuceante Balboa, nos hacen poner la piel de gallina.
Ambos realizadores logran controlar a sus personajes y desarrollar un universo creíble a su alrededor que nunca se vuelve evidente ni estereotipado. Emplean las convenciones para construir un drama que se experimenta intensamente.
Se trata de uno de esos experimentos retro que funcionan como algo novedoso más que como nostalgia, ya que, en su combinación de influencias y modos, remite a un pasado que en realidad no existió jamás.
Posee momentos de innegable potencia mezclados con otros un tanto banales. Juega a enganchar al espectador como si estuviera viendo una comedia afroamericana farsesca y ampulosa.
Una película modélica, un ejemplo claro de que se puede hacer un cine popular e inteligente, potencialmente masivo pero no banal, relatos de suspenso y acción que no subestimen al espectador ni lo obliguen a desconectar.
En la Argentina se han realizado pocas películas de este tipo: masivas y populares, donde la acción, la comedia y la aventura están equilibradas y se respeta la inteligencia del espectador. Presenta secuencias memorables.
En algunos momentos, la película abusa de sus 'extrañezas y extravagancias' y presenta cierta pomposidad. Sin embargo, siempre se mantiene fiel a su esencia, resultando original, inusual y auténtica.
Más allá de que su segunda mitad no esté a la altura de la promesa inicial, es evidente que Bodin aprovecha un guion que, en otras manos, podría haberse limitado a repetir fórmulas de acumulación de golpes de efecto.