Película amplia y sinuosa, abierta a su propia descomposición interna. 'Los rubios' expande el campo discursivo del cine político en Argentina como ninguna otra lo había logrado desde 'La hora de los hornos'.
La película cuenta con una trama sencilla y muy accesible, además de la astuta decisión de no engañar a su audiencia con su propuesta. Es evidentemente una producción dirigida a los más jóvenes y se ajusta claramente a esas pautas. No se puede esperar otra cosa.
La película no intenta revolucionar el mercado del cuento infantil sino devolverle un poco de su grandeza clásica. Y, en ese sentido, el tradicionalista Branagh lo logra.
La trama es casi secundaria. La simpatía del filme está puesta en su espíritu lúdico, jovial y en la manera en la que su formato de casi irónico musical.
Intenta ser una metareflexión sobre el arte y la creación similar a las que suelen aparecer en las obras de Charlie Kaufmann, pero en realidad se asemeja más a una terapia psicoanalítica presentada como un extenso ejercicio de danza contemporánea.
Una más que aceptable película que aborda un tema complicado y que, en mi opinión, supera sus desafíos de manera notable en comparación con otros relatos similares que han tenido más éxito comercial.
El filme ofrece un retrato crítico y bien logrado de las dificultades que enfrenta un hombre para adaptarse a las estrictas y algo incomprensibles normas de la ortodoxia religiosa.
Un filme que, de manera calma y cálida, sin grandes sobresaltos dramáticos, consigue lo que se propone: contar la historia de tres mujeres en apariencia muy distintas que terminan ayudándose entre sí casi sin proponérselo.