No busca convertirse en una pieza audiovisual particularmente innovadora, pero desde el inicio queda claro que la película es un llamado a la acción social y política, una suerte de campaña a favor del cuidado del medio ambiente.
Es un vacío absoluto de ritmo cinematográfico, humor, ingenio, guion y personajes. La película no logra funcionar, no da miedo, rara vez entretiene y solo genera un tedio interminable.
La película puede volverse un tanto reiterativa en su fórmula en algún momento, pero casi siempre Bertino encuentra alguna salida inesperada a los problemas que su propio guion le presenta.
El horror y la angustia existencial que provoca en el espectador es, sin duda, mucho más intensa que la de cualquier película como 'It', 'Anabelle' o las diversas historias de monstruos, espíritus y brujerías que podemos encontrar en cartelera.
Violenta, sangrienta, mucho más gore que la original, POSESION INFERNAL funciona como un digno exponente del género, pero no sorprende ni impacta realmente hasta sus últimos 15 minutos.
Una visión del mundo de alguien que parece acercarse desde una computadora, penetrarla, pasar de lo virtual a lo real y quedarse un tiempo ahí intentando entender qué pasa. En 'El auge del humano 3' lo que hay es experimentación visual, de principio a fin.
El carácter casi espía de la cámara le otorga un encanto particular a la experiencia, aunque la mala calidad de las imágenes a veces puede perjudicar el interés del documental. Aun así, el director logra presentar momentos y espacios para descubrimientos inusuales.
Lo fundamental a destacar en 'El elemento enigmático' es el ambiente que logra crear, así como la intensidad de sus imágenes y sonidos. Es una película que además reafirma que, en el estricto sentido audiovisual, Fadel se posiciona como uno de los cineastas argentinos más talentosos.
Más allá de esas discutibles elecciones formales, el filme funciona como una nueva mirada de Lockhart a un universo ya explorado en filmes previos realizados.
Remite al juego infantil, con sus fondos falsos, su escenografía simple, sus trucos de prestidigitador de esquina, que logra hipnotizar al espectador con sus pases de magia.
Es una película imponente y con imágenes potentes. Pero narrativamente, Caballero presenta un delirio puro, con un tono casi lynchiano que en ocasiones resulta episódico y excesivamente casual.