El realizador español se reitera y repite hasta el cansancio en otra combinación de película de suspenso y humor negro. Agotadora película de un cineasta que parece haberse quedado sin ideas hace ya un tiempo.
Intenta remedar a cierto tipo de película de género con humor de los años ’80 pero se queda en el chiste fácil, en los personajes estereotipados y en actuaciones sin ningún tipo de control.
Lanthimos demuestra nuevamente su destreza en la puesta en escena, utilizando recursos visuales intrigantes y efectivos. Sin embargo, sus macabros juegos parecen tener como único propósito humillar a los personajes, quienes se presentan como perdedores y solitarios.
No puedo menos que celebrar este impresionante cambio de rumbo de Iñárritu que si bien no alcanza a dejar del todo atrás a su “otro yo” tortuoso y angustiado, al menos lo reviste de una capa de ligereza.
La película presenta una primera mitad que resulta bastante entretenida y divertida. Sin embargo, cuando intenta volverse más política y caótica, el humor comienza a desvanecerse, lo que hace difícil mantener el interés durante los 112 minutos.
Es una película ambiciosa y extraña que no siempre logra su objetivo. Su temática oscura a menudo evita que los elementos cómicos sean efectivos, además de mostrar cierta indecisión sobre cuál es la historia principal que desea narrar.
La película bordea peligrosamente con el racismo y la xenofobia. El realizador tiene la habilidad suficiente como para que cada uno pueda interpretar lo que sucede a su manera, pero, por momentos Seidl toma decisiones que son un tanto incomprensibles.
Se trata de una de esas tramas perfectas para esos tratos existencialistas literarios, y Sinko logra llevarlo muy bien a través de sus quizás un tanto extensos 106 minutos.
Si bien algunas metáforas e imágenes de la película pueden ser un tanto obvias, en el formato en el que Suleiman las pone son igualmente muy graciosas.
Apuesta por un tono un tanto excesivo que en ocasiones choca con la inteligencia aguda de la propuesta. La idea es significativamente más sutil y original que su ejecución.
La nueva entrega de la saga basada en la obra de los hermanos Coen no logra igualar el nivel de las anteriores. A pesar de contar con un elenco destacado y personajes intrigantes, su creador, Noah Hawley, no consigue establecer un eje dramático definido.
La opera prima del actor y comediante combina cine de terror y sátira social para armar una muy inteligente e inquietante película de género sobre el racismo.
A pesar de sus notables dificultades narrativas y su marcada misantropía, Östlund logra crear escenas de suspenso y tensión mediante el uso efectivo de los espacios y el sonido.
Cobeaga aborda el humor en un tema muy delicado con valentía. Aunque algunos pueden sentirse ofendidos por la ligereza con la que se trata el asunto, creo que su enfoque tiene un efecto casi terapéutico.
Si bien el género no es hoy tan novedoso como lo era entonces, logra similares e hilarantes resultados con excelentes personajes y absurdas situaciones.