Parece sugerir que la utopía tecnológica no resuelve el enigma de las relaciones humanas. La alegría, el miedo y el dolor, virtuales o no, siguen siendo los mismos.
Lo que uno no logra nunca es sacarse de la cabeza que está viendo a un grupo de actores fagocitándose los textos y olvidándose que hay una cámara que amplifica enormemente cada cosa que dicen o cada gesto que hacen.
Hay algo encantador en la manera en la que los personajes se comunican. Son películas que el espectador completa, a las que les agrega su impronta. Rejtman ofrece la práctica. Nosotros, si queremos, las teorías.
Aschan inicia la película adoptando un tono humorístico que contrasta con los acontecimientos que se desarrollan. La estética recuerda a una producción televisiva, aunque destaca la actuación sorprendente de Sanna Sundqvist.
La propuesta de Franco resulta ser intermitentemente efectiva. Sin embargo, cuando se esfuerza en adoptar un tono más serio, el guion de Franco y Brie presenta algunas fallas.
Los guionistas y directores de los distintos episodios poseen, afortunadamente, la capacidad y la astucia para evitar la denominada «pornomiseria». Es una serie esencial para comprender que los abusos emocionales pueden no mostrar heridas visibles.
No es una gran película 'On The Rocks', pero como una fantasía un tanto retro desde lo estético y un poco más moderna desde lo temático, funciona bastante bien.
Es una defensa y celebración de esos «hombres y mujeres comunes» que, más allá de banderías políticas, hacen uso de su inteligencia, su capacidad y su fortaleza para sacar provecho de un sistema.
Es una película frágil y menor, incluso dentro de la variada filmografía de Soderbergh. Esta vez no logró un resultado del todo satisfactorio, por lo que habrá que ver qué sorpresas nos depara en su próximo trabajo.
Baumbach filma a sus personajes desde cerca, dando la impresión que la cámara es un miembro más de esa vibrante aunque problemática familia. No hay distancia clínica ni mirada sobradora. Baumbach comparte, sufre y disfruta con ellos.
Es, casi, un tómalo o déjalo. Cuando funciona bien, puede lograr yuxtaposiciones notables y emotivas. En otras –por suerte aquí son las menos–, el golpe es banal, chato y efectista.
El tono se sostiene y funciona la mayor parte del tiempo, logrando combinar situaciones en extremo delirantes con una honestidad emocional bastante llamativa.
THE TREASURE ofrece una sonrisa, tan inusual y aparentemente absurda como la anterior, pero esta vez busca no solo alegrar al público, sino también a los propios personajes.