El problema de la serie es que aquí se manifiesta la corrección política en su máxima expresión. Tig ha asumido el rol de juez de los personajes, mostrándose con condescendencia y maldad.
Roma sigue siendo una ciudad fascinante y misteriosa. Y la película la celebra y la cuestiona, deséandole para ella una mejor suerte que este conflictivo y hueco presente.
Lo que uno no logra nunca es sacarse de la cabeza que está viendo a un grupo de actores fagocitándose los textos y olvidándose que hay una cámara que amplifica enormemente cada cosa que dicen o cada gesto que hacen.
El tono es amable e invita a la identificación, aunque en algunos momentos se exagera un tanto esa candidez, evocando el estilo de cierto cine independiente estadounidense.
Más allá de las fallas y desajustes, la película logra reflejar una profunda comprensión de ese limbo post-escolar, donde los lazos familiares continúan teniendo un peso significativo y la vida adulta se presenta como una opción distante y poco deseada.
No será un filme brillante y basa su humor en confusiones algo excesivas, pero es efectivo, entretenido y termina logrando llevar a los espectadores a algo parecido a la emoción.
Aporta una mirada más que original a un mundo que es muy particular y específico, es cierto, pero a la vez bastante universal y reconocible en los dilemas éticos y familiares que le plantea al protagonista.
A pesar de contar con varias escenas que no están bien resueltas en lo formal y lo actoral, 'Aguas verdes' se mantiene como un ejercicio loable de realizar un filme de género con recursos limitados.