La historia se enfoca en la conexión entre un pianista veterano que enfrenta una crisis y una joven periodista interesada en entrevistarlo, creando un drama meticulosamente elaborado y sofisticado en el contexto de la música clásica.
Un homenaje formalmente impecable a los clásicos de la Era Dorada de Hollywood es lo mejor que tiene para ofrecer. Lamentablemente, no está a la altura de sus referentes a la hora de narrar una historia sensible, coherente.
Es una película épica e intimista a la vez, bellísima desde lo cinematográfico y oscura desde las pulsiones que se van moviendo en su interior, pasando de momentos épicos y hasta imponentes a otros cómicos, extraños y cruentos.
No alcanzará la belleza visual de los recuerdos de Fellini, Kurosawa o Bergman, pero es innegablemente un Ferrara en su máxima expresión. Sin embargo, se puede señalar una cierta autocompasión que podría resultar algo arrogante.
Demasiado autoconciente de su propia condición de ejercicio, pero intentando que no se note demasiado y que el espectador la vea como 'una del Oeste'. No es ninguna de las dos cosas.
'Inmaculada' se asemeja más a 'El bebé de Rosemary' que a muchas franquicias de terror religioso repletas de mitologías y eventos inusuales; la película se fundamenta en el misterio y el suspenso que logra generar.
El filme sigue las estructuras narrativas típicas del género. La principal variación consiste en heroínas y villanos que intercambian roles, pero en esencia, se mantiene fiel al modelo cinematográfico establecido.
Resolviendo las previsibles escenas con economía y efectividad aunque no demasiado brillo ni ingenio, 'Trol' cumple con la tarea que se propone: hacer muy correctamente una película de Hollywood fuera de Hollywood.
Se percibe que se ha desaprovechado una película que podría haber sido valiosa, una de esas que a veces logran abrirse camino en el cine comercial de Hollywood, pero que se ha visto forzada a sucumbir ante las exigencias de efectos especiales excesivos. Es una pena.
El filme presenta una fórmula parecida a la de su predecesor, aunque la novedad ha desaparecido y los momentos de tensión se han hecho más predecibles.
El verdadero brillo de esta película no radica en la elección del mono, el guion o la historia, sino en la manera en que está contada. Lo que la hace vibrante y transmite una alegría especial es la esencia misma del lenguaje cinematográfico.
Si bien es teatral en su concepción profunda, logra sumar algunos elementos cinematográficos, una historia fuerte y conmovedora. Y en la película se lucen sus tres actores principales.
El filme enfrenta ciertos problemas. Su estilo se asemeja al de un film de tesis, con un enfoque poético que combina viñetas visuales y extensas escenas dramáticas, lo que a veces prioriza la forma sobre el contenido, resultando en momentos que no logran conectar del todo.
Es un filme que pasa desapercibido. Combina dos tramas de forma poco natural, presenta algunas reflexiones interesantes sobre el futuro de la cultura pop, pero no logra desarrollarlas plenamente.
Funciona muy bien en esa zona en la que la fantasía y la realidad conviven, haciendo que la música sea también ese lazo que puede unir esos dos espacios en apariencia muy diferentes entre sí.
La imagen granulosa en 16mm contribuye a otorgar al cortometraje una atmósfera casi espectral, evocando melodías y sonidos propios de fantasmas que habitan en un limbo ajeno a la realidad.