Con todo, el conjunto sigue siendo más que sólido, y la propuesta audiovisual se atreve con experimentos narrativos solo posibles en una serie que ya encontró su mejor forma, y que no tiene nada que probar. A maratonear, con confianza.
Con atisbos de belleza, reflexiva a la fuerza gracias a sus planos largos y curiosamente desesperanzadora, el relato casi estático funciona como una cápsula espacio-temporal donde no podemos ser más que testigos pasivos del curso de la naturaleza.
Es apenas una actualización del remake con Brendan Fraser, con un ritmo irregular y momentos muy disímiles. Y si estos van a ser los nuevos monstruos, quizás no es tan buena idea abrir ese sarcófago.
Si se juzga cada viñeta de forma individual y no la obra completa, la película resultará un ejercicio que satisfará a cualquier fan de la marca. Por otro lado, no habrá suficientes dulces para suavizar esta medicina.
Aunque se valora la brevedad de la historia y la solidez del argumento, es importante señalar que la lógica de la película se asemeja a la de una "casa embrujada", diseñada para asustar a los espectadores. Si esa es la intención, sin duda se garantiza una experiencia entretenida.
Con personajes bien delineados, la tensión se mantiene durante gran parte del metraje. Y aunque la resolución final sorprenderá a pocos, el viaje es suficiente para dejar satisfecho a cualquiera.
Un relato irregular pero rico en momentos, en un equivalente audiovisual de alguien que de puro apasionado termina yéndose por las ramas y disparando para todas partes.
Al cabo de un rato, la falta de humor y humanidad hacen que los sobresaltos agoten, y peor, que el destino de los personajes deje de importar. El sacrilegio más grande de la película, por lejos.
La película cumple al ofrecer humor físico y colores vibrantes que logran captar la atención de los niños más pequeños. Sin embargo, carece de contenido atractivo para los adolescentes y los adultos que los acompañan.