Las actuaciones de ambas Catherines son el pilar fuerte de este relato cálido de amistad y reconciliación, que pese a su oscuridad imperante termina encontrando el suficiente optimismo para ganarse el calificativo de "entrañable".
La directora Claire Denis se adentra en personajes conmovedores por su autenticidad, en una narrativa que no pretende llevarnos a ningún destino, sino que nos permite experimentar unos días en la vida de una mujer cansada de su soledad.
Con mucho humor e ingenio, un agudo comentario social y actuaciones sobresalientes para regodearse, es una película que se siente épica en su simpleza, y que entretiene tanto como conmueve.
Hay suficiente presencia para sostener cualquier cosa, pero el humor esporádico, la dramaturgia predecible y sin sorpresas termina sintiéndose vacía y sin mucho propósito.
La historia no es muy original que digamos, pero la ejecución resulta impecable, con un ritmo sin tregua y amplio catálogo de humor para dejar contentas a todas las facciones posibles del espectador actual.
Aunque es una película de terror contundente, también aborda un tema de gran impacto en los EE.UU. relacionado con Donald Trump. Más que una simple película de terror, se presenta como un 'thriller social' que resulta muy relevante.
En un tiempo donde la sobrecarga de efectos visuales y la violencia dominan, es un placer entregarse a esta experiencia cautivadora. Aquí, la ciencia ficción se presenta de una manera tan sencilla como la fantasía de un infante.
La película destaca por su vibrante colorido y su constante acción, sin embargo, puede resultar decepcionante para quienes anhelan una trama rica en personajes bien desarrollados. Es una opción ideal para revivir recuerdos de la infancia y calmar a aquellos que siguen siendo niños en su interior.
Una narración pesada que se mantiene por la conexión entre los protagonistas. A pesar de que las escenas de acción son aceptables, no logran salvar un guión que carece de originalidad.
Las actuaciones sutiles, llenas de miradas y silencios que reflejan sentimientos ocultos, se complementan admirablemente con una dirección sofisticada y una banda sonora inquietante que emana tragedia y sufrimiento.
La película se llena rápidamente de sustos por ruidos inesperados, actuaciones deficientes y un humor exagerado, generando la inquietud sobre cuál es su mayor defecto: la falta de originalidad o la carencia de habilidades en la realización cinematográfica.
Hay espectáculo, bulla y más de algún placer en la destrucción y el desmadre bien dosificado, pero no va a necesitar mucho viento para que se lleve de su cabeza el recuerdo de la película.
Con personajes poco entrañables, que ni se toman el tiempo para analizar sus propias grabaciones, resulta difícil sentir temor por ellos. Aunque la película presenta algunos momentos inquietantes, al final no aporta nada novedoso.
La historia avanza a un ritmo emocionante y su breve duración asegura que se mantenga creíble, sin perder la energía que impulsa la narrativa, que es tanto clásica como efectiva.
Una experiencia comparable a disfrutar de un buen plato de comida rápida. Carece de valor nutritivo y su exceso podría ser perjudicial, pero definitivamente cumple con su cometido.
La originalidad es escasa y la realización es mediocre, presentando una representación excesiva de la destrucción que no alcanza la ridiculez de una 'Transformers', pero tampoco logra la simplicidad y la belleza de la película original.
La trama es directa y clásica, sin grandes sorpresas. Sin embargo, la visión del director aporta una presentación visual impresionante con varias escenas memorables. Un cineasta como Zhang Yimou sabe captar la belleza incluso en lo más excesivo de Hollywood.