Es una película bonita, que se centra en los sueños y pesadillas de esa familia sin caer en las oscuras profundidades del choque cultural ni otros aspectos más duros de la inmigración.
Con una estructura que se mueve entre sucesos y recuerdos es una película tensa pero desaliñada. Aunque cumpla una función en la recuperación de la memoria más dolorosa de Chile.
Robusta y comunitaria, es imprescindible. Un fresco en el que el espectador asiste sin pestañear a las conversaciones cruzadas, entrevistas y relatos de una serie de mujeres y hombres que abordan temas de oficinas y sindicatos.
Howard patina. Se presenta una serie de abordajes simplistas que intentan unir las dos Américas con una visión optimista del mundo que resulta difícil de aceptar.
Es un frankenstein construido a partir de clichés. Presenta diálogos de caricatura y una banda sonora insípida. La película carece de lo que suele sobrar en las buenas óperas primas: una personalidad propia.
Todo lo que tiene que ver con la investigación policial es poco intrigante. Esa vaguedad estructural condena el gran potencial de una película brillante en su tono y atmósfera.
Un notable ‘thriller’ donde Lindholm presenta una historia de suspense construida a través de miradas y primeros planos, en los que Chastain se muestra tan frágil como poderosa.
Se hunde en un exceso de ‘memorabilia’, vísceras y sangre resulta tan excesiva en su despliegue de sangre y nostalgia que por momentos acaba resultando más cercana a la risa que al miedo.
La ciencia ficción y el drama paternofilial se entrelazan de manera efectiva en esta película, que logra destacar especialmente en su tramo final. Sin embargo, la narrativa tiende a dispersarse en su parte intermedia.
No se detiene en excesivas explicaciones sobre la criatura ni otros aspectos; prefiere sumergir al espectador en la experiencia claustrofóbica que viven sus personajes.
Contiene algunos rasgos que le otorgan personalidad propia. Hecha con más imaginación que medios, su monstruo no requiere grandes alardes técnicos porque el pánico ya lo llevamos todos dentro. Y saber jugar con esa carta es un logro.
Es una de esas películas de superación personal que parecen seguir la misma fórmula que los telefilmes de sobremesa. No hay mucho que resaltar, salvo dos aspectos significativos: la actuación de Naomi Watts y una urraca.
Interpretada por dos grandes actores, la serie está diseñada especialmente para los aficionados al musical y a los mejores melodramas de Hollywood. Además, aborda el movimiento #MeToo.