Para nada una cinta genial considerando a su genial objeto de estudio, por lo menos Ashton Kutcher altera su figura y deja de lado sus tics cómicos para encarnar los claroscuros de un genio moderno.
Una película sobre una dura infancia y la soledad de crecer, y se emparenta de alguna manera con la preocupación manifestada por François Truffaut en películas sobre niños como 'Los 400 golpes'.
Donde antes hubo tensión, pulso y vena narrativa, ahora está el relajo y la flacidez de un guión que solo alterna el orden de los productos, como si fuera un tremendo gesto de ingenio poner de villano al sujeto que siempre ha inspirado la acción.
Esta incomprendida maravilla de Ang Lee de 2003 es genial. Casi surreal, experimental. Tres escenas notables: la pelea con los perros gigantes, el escape de las instalaciones y los saltos-vuelos por el desierto.
La dirección del cineasta Craig Gillespie destaca por su increíble ritmo, una auténtica artesanía que homenajea la capacidad de Scorsese para deconstruir el sueño americano, algo que pocos han logrado como este discípulo del director de 'Taxi Driver'.
Héctor Noguera construye un personaje entrañable y complejo con lo esencial, llevando su odisea, que resulta demencial y torpe, a un viaje de autodescubrimiento. Es una excelente oportunidad para apreciar en pantalla grande el enorme talento de este destacado intérprete chileno.
'El cordero' avanza por su carril de cine arte, con los códigos y usos de un tipo de cine-ensayo de "fórmula" que puede encasillar historias y personajes en ideas que suenan bien desde afuera.
Reivindicación de la cultura nerd a nivel de masas, el estreno de este título es un síntoma y apertura de contenidos injustamente subvalorados por el mainstream: un tipo de oferta que de seguro será una grata sorpresa en la taquilla y que debiera atraer a audiencias eternamente ignoradas.
El lenguaje de 'Aquaman', flirteando con el kitsch, se presenta como una opereta de alto presupuesto que provoca risas, entretiene y regresa a las raíces de las matinés de este tipo de producciones. Carece de segundas lecturas y de profundas reflexiones. Es simplemente una experiencia visual bien lograda.
Ron Howard, el director, navega contra viento y marea en aguas difíciles, por algo escasean películas como esta, pero encara y sale a flote con un éxito rotundo de este proyecto.
Se trata de una óptima continuación que aplica un humor y sensibilidad masiva, sí, pero con anotaciones y detalles que hablan de la buena mano de Elizabeth Banks para hacer comedia.
Es muy rápida y verborreica, con una brillante estructura, como siempre pasa con los guiones de Sorkin. Y para ser su debut en la dirección, es un primer paso notable, porque se trata de una película de una fuerza genuina.
Sin demasiadas sutilezas, este filme se asemeja a cruzar un campo de cebollas; independientemente de si se coincide o no con lo que se presenta, las lágrimas están aseguradas.
Un caso inspirado en la crónica roja local, pero condimentado con ficción y un cine que busca ser comercial, pero sin caer en lo burdo y el mal gusto, como suele pasar con la esquina masiva del cine chileno.
Esta es una historia sin la épica de "Todos los hombres del Presidente", pero provista de algo distinto: un desencantamiento brutal que forma parte de un inteligente guión y dirección por parte de James Vanderbilt.