El director presenta su obra más accesible y cálida, manteniendo su inclinación hacia lo absurdo. Realiza una espléndida resurrección de un género que parecía extinto: la comedia de colegas.
Ueda sabe contagiar al espectador la energía y la capacidad para resolver situaciones complicadas en esta comedia de zombis. Se convierte en una celebración del cine pensado, realizado y disfrutado de forma colectiva.
Mánver otorga poderío a este perfil femenino tan invisibilizado, que a través de su interpretación se apodera de toda la película, mientras que Ortega defiende la pulsión vital recobrada de la mujer como un reencuentro feliz con ella misma.
Las cineastas presentan un imaginario distintivo, al que le añaden un inusual matiz de comedia absurda, evitando en todo momento el cinismo fácil y deshumanizador.
A pesar de algunas escenas espléndidas, la película peca de una excesiva autoindulgencia al retratar al artista como un hombre atormentado, lo que también señala un punto de saturación en la filmografía de Desplechin.
Foster deja a un lado el potencial de humor absurdo, negro, esquizofrénico y esperpéntico que podría haber explorado, eligiendo en su lugar un melodrama familiar muy convencional.
Es ante todo el retrato de una perfecta villana que se alinea de forma algo desactualizada con esos 'thrillers' adrenalínicos y cargados de humor negro del cambio de siglo. En su tramo final, pierde fuerza.
Para disfrutar de una comedia indie, es importante considerar la calidad del estilo cinematográfico de Miranda July. Ella lleva lo que podría ser simplemente una extravagancia «cuqui» gratuita a un terreno más incómodo, donde se exploran cuestiones más profundas y provocadoras.
Porumboiu presenta su película más accesible, adoptando en parte elementos del neonoir. Se trata de un thriller internacional que busca llegar a un público amplio.
Acción espectacular, espías y sensibilidad se combinan de manera brillante en esta producción. Scarlett Johansson brilla en su papel, ofreciendo una interpretación convincente y elevando el filme como un destacado ejemplo de cine de superheroínas.
Hace aflorar constantemente esta vertiente más juguetona y lúdica, directamente infantil o juvenil; no resulta ni original ni sorprendente, pero ofrece las dosis básicas de entretenimiento.
Trapé se adentra en una experiencia íntima poco explorada: la angustia materna por la separación de un hijo. La actuación de Laia Costa encarna con fuerza el rol de madre, brindando una perspectiva realista y alejada de cualquier idealización.
Carece de cualquier rasgo extraordinario, original o significativo, se conforma sin complejos en ser una muestra tan digna como vista de cine de entretenimiento.
Un tríptico de relatos aparentemente independientes que, a través de su resonancia, elaboran un análisis sobre las fronteras de la representación indígena en el cine, un medio con un trasfondo colonial.
El Templo Satánico despierta una intriga constante, dejando a la audiencia preguntándose si su actividad persiste. Según el documental, representan un modelo admirable de resistencia política que desafía las normas establecidas.
Eisenberg presenta una nueva perspectiva sobre la conexión de los judíos estadounidenses y la memoria del Holocausto en una comedia dramática excepcional.