Ni rojos ni fascistas logran ser lo suficientemente interesantes como para generar un mínimo de empatía; por lo tanto, su destino importa poco. El resultado es una película superficial y frívola, que coincide con su propio título.
Una película con un claro sentido de despedida, que resulta profunda y emotivamente representativa. Demuestra que sus obsesiones artísticas y espirituales siguen siendo tan relevantes como siempre.
El resultado es un film que no necesita subrayar el aura diabólica de sus personajes y el contexto para causar pavor. Una película-mazazo directo a la cabeza del espectador.
Un relato que construye sus tensiones a través de interacciones naturales, evitando los clichés típicos de las películas inspiradas en obras teatrales.
Daniels le imprime a la inevitable caída de Holiday por los círculos del infierno una impronta exagerada y declamativa funcional a la búsqueda de lucimiento de Day.
Un film tenso e inquietante, una película bélica con el suficiente gramaje emotivo para convertirse en una de las mejores producciones originales de Netflix de los últimos meses.
Emmerich muestra una notable habilidad para capturar escenas de acción aéreas y navales impactantes, pero su destreza para transmitir las emociones de un grupo de hombres impulsados por el sentido del deber se siente menos lograda.
Gibson navega las aguas del melodrama con seguridad y firmeza, amarrando en cada uno de los mecanismos habituales del género y exigiendo, igual que en 'Apocalypto', a su obcecado protagonista hasta el límite de su resistencia física y psicológica.
El film busca replicar la mayoría de los mecanismos narrativos de su predecesora, logrando así un resultado que lo hace extremadamente similar a otros muchos.
Narrada con maestría y con una puesta en escena planificada al detalle, es la validación de Petzold como una de las figuras más interesantes y personales del cine alemán contemporáneo.
Con elementos metadiscursivos, el policial no descuida, más allá la cuota de suspenso inherente a la resolución de un enigma, ni el humor ni la consciencia de su largo linaje previo.
La trama se complica al añadir más elementos a este intrigante rompecabezas de crimen y espionaje automotriz. Se revelan numerosos secretos sobre futuros desarrollos y aparecen personajes con intenciones ambiguas, lo que mantiene al espectador constantemente en alerta.
Ambiciosa, por momentos confusa, siempre desmesurada, coquetea con el cine de denuncia y presenta diversas subtramas que no siempre logran un desenlace satisfactorio.
Hay poco nada de novel en este refrito de innumerables lugares comunes del género, que para colmo ni siquiera sabe muy bien qué quiere contar ni tampoco cómo hacerlo.
Gillespie no es un maestro en el arte cinematográfico, sin embargo, logra ofrecer el pasajero deleite de una narración construida con destreza, orden y una aplicabilidad de efectos especiales que ya casi no se ve en las grandes producciones de la actualidad, dominadas por relatos de superhéroes.