Hay momentos no del todo logrados y quizás para el público adulto pueda ser una experiencia tortuosa, pero el film sabe bien a quiénes les habla. Los más chiquitos, entonces, estarán de parabienes.
Aún perviven ciertos atisbos marca Disney que se confabulan para que esta no sea la gran película que pudo ser, o al menos una mucho mejor de lo que finalmente es.
La primera hora se aproxima peligrosamente a la pomposidad insípida y aburrida de 'Furia de Titanes', mientras que la segunda resulta ser una digna compañera de su hermana mayor [300].
La de Sarah Polley es una de esas películas con un guion menos interesado en construir un buen arco dramático que en poner en boca de los personajes todos y cada uno de los pesares vinculados con el tópico de turno.
No logra sortear las habituales recurrencias a la psicología y el pasado como justificación de todo, clarificando así los bordes más filosos de un personaje magnético e inicialmente desconcertante, pura manipulación psicopática.
Lo que no tiene discusión es el extraordinario trabajo de Daniel Araoz, pura animalidad perversa hecha de jadeos y sudores, que aquí encarna uno de los personajes más temibles del cine argentino en mucho tiempo.
Aborda la problemática del abuso sexual y la violencia de género a través de los códigos narrativos típicos del thriller. La narrativa presenta altibajos, en ocasiones resulta densa y carece de sutileza, mostrando un enfoque arbitrario.
Reflexiva y sensible sin caer en lo sensiblero, esta película se erige como un faro del cine afroamericano en los Oscar. A pesar de su corrección política, es una obra que tiene mucha seriedad y, en ciertos momentos, resulta ser realmente destacable.
'Comme le feu' transmite con tersura, amabilidad, melancolía y casi sin palabras cómo los momentos que pueden cambiar una vida a veces llegan de la forma más simple y sencilla posible.
La película se corre hacia una faceta más emotiva, anclándose en las angustias existenciales de esos chicos que sienten que no encajan con las expectativas depositadas en ellos, aunque sin perder el espíritu lúdico.
A diferencia de gran parte del cine latinoamericano, esta película no presenta búsquedas etnográficas ni se sumerge en el realismo mágico. En su lugar, ofrece una visión austera de los detalles de una familia de clase media-alta que se desmorona lentamente.
Es una serie que a veces resulta absurda y, en otras ocasiones, es un tanto evidente en su enfoque metafórico, aunque siempre consigue sorprender al espectador.
La película presenta diversas subtramas que enriquecen la narrativa, aunque hay momentos en los que Torales enfatiza ciertos aspectos de manera excesiva.
Es un melodrama de aquellos que casi no se producen en la actualidad, un ejercicio pausado y atemporal que prioriza una recreación histórica exquisita y una fotografía cautivadora, más que desarrollar a profundidad a los personajes.