Firth y Tucci brillan en esta sobria y contenida historia. Ambos se enmarcan en la mejor tradición británica, mostrando actuaciones que prestan atención a la cadencia de los diálogos y a la sutileza de la comunicación no verbal.
Encuentra sus mejores momentos con el musculoso John Cena. Farrelly también se enreda estirando el relato mucho más de lo necesario, pero sigue teniendo la mira afinada para imaginar mil chistes motorizados por la estupidez.
Giralt le imprime el tono de una comedia amable y felizmente liviana aun cuando lo que se esté dirimiendo sea, quizás, la posibilidad del comienzo de algo nuevo.
Funciona en la medida que lo hace la involuntaria complicidad, casi siempre amable, de quienes just pasaban por el rodaje, testigos directos de la energía infantiloide y la pulsión por el ridículo de esta comedia-bálsamo en tiempos pandémicos.
Un film que parece dirigido por alguien que no tiene conexión con el mundo de los jubilados. Es complicado que alguien realmente disfrute de esta película.
La película mantiene el interés gracias al indiscutible talento del director alemán Marc Foster. Es un clásico de Disney: emotivo, con refrescantes dosis de humor y un cierre moralista en el que el protagonista adquiere valiosas lecciones.
La película se deja ver, no tanto por su contenido, sino por la manera en que se presenta. Fanning, siempre con su tono lánguido y melancólico, está acostumbrada a un estilo gestual austero e implosivo, pero en esta ocasión añade una sensación de guerra constante.
'T2' es menos festiva y agitada, se siente más pausada y, sin duda, más melancólica en comparación con su antecesora. El paso del tiempo, un tema que antes no se abordaba, ahora se convierte en un elemento central a través de diversas referencias al filme previo.
Es el fruto maduro de un director acostumbrado a explorar universos masculinos, que ha evolucionado junto a sus personajes. Se percibe que Linklater no se adapta bien a la acumulación de situaciones; su fuerte son los diálogos precisos, que brillan gracias a tres actores en un estado excepcional.
No es teatro filmado solo por desarrollarse completamente en un espacio cerrado, sino por su incapacidad de convertir ese espacio en un elemento significativo dentro de la narrativa, lo que resulta en una puesta en escena plana.
Una de esas películas con la cual es imposible enojarse, aun cuando se note en ella una preocupación mayor por provocar efectos sobre el espectador que por la creación de situaciones coherentes con las reglas de su universo ficcional.