La película prescinde del humor infantiloide del universo Adam Sandler para, a cambio, abrazar un tono más moderado, que obviamente incluye una batería de chistes.
El film es una propuesta que aborda la inocencia y la superación. Aunque a primera vista podría parecer cursi, logra desenvolverse con fluidez y efectividad, incorporando elementos del romance juvenil, toques de comedia y algunas críticas sociales.
Una película de animación irregular, que alterna momentos de genuina emotividad con otros, más obvios, destinados a mostrar que la vida en el mundo digital no es tan bonita como en las fotos de Instagram.
Derrickson ya había demostrado tener buen pulso narrativo para el género en 'El exorcismo de Emily Rose' y 'Sinister', dos películas con las que 'El teléfono negro' tiene varios puntos de contacto.
Un film que no necesita gritar que es abiertamente político para serlo, construye algo único al apropiarse de los códigos narrativos de las películas de secundaria.
Tiene el extraño mérito de no sonrojarse a la hora de replicar todas y cada una de las postas narrativas de 'Cuenta conmigo', aunque sin llegar ni cerca a la profundidad de su núcleo emotivo.
Una anécdota menor que Chaganty lleva hasta extremos descabellados, aunque siempre construyendo con mano firme un suspenso con un verosímil y notablemente trasmitido por el omnipresente rostro desencajado de Allen.
Es una película serena, a pesar de que sus personajes lidian con intensas emociones. La trama presenta reencuentros involuntarios y una exploración de las paternidades que se entrelazan de manera armoniosa en la escena final.
Landon derrocha posmodernismo y cinismo a través de situaciones diseñadas exclusivamente para el cine. Lo interesante es que no necesita gritar su 'coolness' ni lanzar guiños para construir un universo de códigos fácilmente identificables.
Funciona como película de transición, lo que se traduce en una simpleza narrativa que Marvel parecía haber olvidado. El resto es fórmula conocida: secuencias de acción a gran escala; un villano sin muchos matices.
El resultado es un relato atendible y disfrutable, pero menor dentro de una filmografía que ha sabido entregar varias películas fundamentales de las últimas décadas.
Una película donde lo mitológico, lo fantástico y lo terrenal conviven en un mismo plano, volviéndose por momentos indisociables. Es una convivencia armónica pero demasiado trajinada en la última década.
Lo que se propone romper los lugares comunes de la mirada adulta sobre la adolescencia termina convirtiéndose en una película llena de golpes bajos, con actuaciones desparejas y una profundidad digna de alguna tira de Cris Morena.
Doff maneja con soltura los mecanismos del cine de terror. Lo que comienza como una comedia despatarrada y hilarante concluye siendo una película de terror efectiva, aunque algo convencional.