A diferencia de gran parte del cine latinoamericano, esta película no presenta búsquedas etnográficas ni se sumerge en el realismo mágico. En su lugar, ofrece una visión austera de los detalles de una familia de clase media-alta que se desmorona lentamente.
Es de esas películas que fluyen como si la cámara no estuviera y en la que todos hablan como si no hubiera guion y las palabras salieran, vacilantes, de las entrañas. Pero hay guion, claro, y está escrito con más atención al oído que al diccionario.
Es una serie que a veces resulta absurda y, en otras ocasiones, es un tanto evidente en su enfoque metafórico, aunque siempre consigue sorprender al espectador.
La película presenta diversas subtramas que enriquecen la narrativa, aunque hay momentos en los que Torales enfatiza ciertos aspectos de manera excesiva.
Es un melodrama de aquellos que casi no se producen en la actualidad, un ejercicio pausado y atemporal que prioriza una recreación histórica exquisita y una fotografía cautivadora, más que desarrollar a profundidad a los personajes.
La película prescinde del humor infantiloide del universo Adam Sandler para, a cambio, abrazar un tono más moderado, que obviamente incluye una batería de chistes.
El film es una propuesta que aborda la inocencia y la superación. Aunque a primera vista podría parecer cursi, logra desenvolverse con fluidez y efectividad, incorporando elementos del romance juvenil, toques de comedia y algunas críticas sociales.
Una película de animación irregular, que alterna momentos de genuina emotividad con otros, más obvios, destinados a mostrar que la vida en el mundo digital no es tan bonita como en las fotos de Instagram.
Derrickson ya había demostrado tener buen pulso narrativo para el género en 'El exorcismo de Emily Rose' y 'Sinister', dos películas con las que 'El teléfono negro' tiene varios puntos de contacto.
Un film que no necesita gritar que es abiertamente político para serlo, construye algo único al apropiarse de los códigos narrativos de las películas de secundaria.
Tiene el extraño mérito de no sonrojarse a la hora de replicar todas y cada una de las postas narrativas de 'Cuenta conmigo', aunque sin llegar ni cerca a la profundidad de su núcleo emotivo.
Una anécdota menor que Chaganty lleva hasta extremos descabellados, aunque siempre construyendo con mano firme un suspenso con un verosímil y notablemente trasmitido por el omnipresente rostro desencajado de Allen.
Es una película serena, a pesar de que sus personajes lidian con intensas emociones. La trama presenta reencuentros involuntarios y una exploración de las paternidades que se entrelazan de manera armoniosa en la escena final.
Landon derrocha posmodernismo y cinismo a través de situaciones diseñadas exclusivamente para el cine. Lo interesante es que no necesita gritar su 'coolness' ni lanzar guiños para construir un universo de códigos fácilmente identificables.