Es una lástima que, aunque los minions son la esencia de la franquicia, su aparición sea tan ocasional. Ellos son los encargados de aportar las risa más genuina en una película que se aferra demasiado a su fórmula.
En este entorno donde las artes escénicas se entrelazan con el lenguaje audiovisual, se evidencia una fuerte influencia del hip-hop y se busca una representación auténtica de la vida suburbana, alejada de cualquier idealización.
Recorre las postas habituales de este tipo de relatos, añadiendo a partir de la mitad del metraje situaciones propias del melodrama y del suspenso, lo que enriquece una película que hasta entonces se presentaba como apenas discreta.
La película refleja la fascinación del director por lo distorsionado y las atmósferas opresivas, así como por personajes enigmáticos que parecen sufrir un malestar profundo y casi existencial.
WHO hila las distintas piezas con mano segura no solo a la hora de planificar el recorrido del ojo electrónico, sino también para administrar la información y sostener el suspenso.
Los hermanos Onetti reinterpretan la Historia, llevándola al cine a través de los elementos del género del horror. Su habilidad para combinar estos códigos revela tanto destreza como un profundo entendimiento del cine, logrando una propuesta cautivadora.
La ópera prima del galán indie se mueve entre un análisis sociológico de la juventud, una exploración psicológica superficial y una representación desalentadora de la disfunción familiar. A medida que avanza la película, el tono ligero que prometía se desvanece y va perdiendo su atractivo.
Está armada con piezas de distintas procedencias, haciendo florecer una comicidad deadpan y silenciosa, como si Valkeapää fuera un discípulo de su compatriota Aki Kaurismäki.
La deformación histórica y el chauvinismo que se presentan son evidentes, reflejando una notable falta de sutileza en la forma de transmitir estos elementos.
La calidad artística no justifica todos los récords de audiencia que ostenta; quedará como una serie que, dentro de unos años, apenas será un número en una lista.
Penn es tan evidente en su actuación, que incluso Gibson parece un actor sutil. 'Entre la razón y la locura' habría ganado al ser más concentrada, noble y genuinamente intensa.
En términos narrativos 'Ammonite' se clasifica como un drama de época, pero Lee establece la contención como un principio tanto ético como estético. Su representación de la relación entre las mujeres es distante, casi desprovista de excesiva emotividad.
A pesar de algunos fallos en la trama y un uso ocasiones excesivo de la música, 'Resurrección' reafirma que el cine argentino de género sigue en crecimiento.