Funciona como película de transición, lo que se traduce en una simpleza narrativa que Marvel parecía haber olvidado. El resto es fórmula conocida: secuencias de acción a gran escala; un villano sin muchos matices.
El resultado es un relato atendible y disfrutable, pero menor dentro de una filmografía que ha sabido entregar varias películas fundamentales de las últimas décadas.
Una película donde lo mitológico, lo fantástico y lo terrenal conviven en un mismo plano, volviéndose por momentos indisociables. Es una convivencia armónica pero demasiado trajinada en la última década.
Lo que se propone romper los lugares comunes de la mirada adulta sobre la adolescencia termina convirtiéndose en una película llena de golpes bajos, con actuaciones desparejas y una profundidad digna de alguna tira de Cris Morena.
Doff maneja con soltura los mecanismos del cine de terror. Lo que comienza como una comedia despatarrada y hilarante concluye siendo una película de terror efectiva, aunque algo convencional.
A puro vértigo y con un espíritu lúdico, esta película se construye a partir de una fórmula efectiva. Aun así, los elementos que la componen están cuidadosamente balanceados.
'Beautiful Boy' entra en una circularidad que, junto a su estructura fragmentada que alterna en el tiempo, la vuelve reiterativa. Su principal objetivo parece ser contribuir al mejoramiento social por encima de su propuesta cinematográfica.
Nada nuevo bajo el sol, podría decirse. Lo que no es habitual es el trato cariñoso y amable dispensado por el director y guionista Diego Lublinsky. Lejos de la sorna habitual con que este tipo de relatos suele tomarse a esos personajes.
Es uno de esos films que quiere abarcar mucho pero termina apretando poco, síntoma inequívoco de su carácter introductorio a un universo que, en caso de los números de taquilla respondan, podría expandirse por un buen rato.
Charlie Plummer, Steve Buscemi y Chloë Sevigny otorgan una profundidad notable a una obra que se aparta de los clichés comunes. Se presenta como una narrativa en reversa que, a su vez, refleja elementos propios del género road movie.
'Ciudades de papel' logra retratar la aventura de Quentin y su grupo con una profundidad que resalta su experiencia, al abordar sus sufrimientos, dudas y vacilaciones de manera directa.
El director Josh Boone acierta al presentar el cáncer como un elemento importante de la película, pero no como su núcleo. Así, sus protagonistas son retratados como jóvenes antes que como enfermos terminales. Sin embargo, al final, el exceso de explicaciones y moralejas resulta innecesario.
Ofrece una mezcla de drama social y thriller asentado en un uso magistral del fuera de campo, en el que la información sobre lo que sucede se ofrece a cuentagotas.
Comedia de enredos que convierte la celebración en un motivo tanto amargo como melancólico. Se presenta como un punto de inflexión entre una adolescencia que aún persiste y los temores de una adultez que se acerca. A pesar de su propuesta interesante, no logra materializarse en una película memorable.