Comedia de enredos que convierte la celebración en un motivo tanto amargo como melancólico. Se presenta como un punto de inflexión entre una adolescencia que aún persiste y los temores de una adultez que se acerca. A pesar de su propuesta interesante, no logra materializarse en una película memorable.
Los salvajes presenta una parábola que es tanto moral como física para sus personajes, así como visual. Se transita desde la sequedad y frialdad de un thriller de los años 70 hasta el misticismo y la fantasía del reciente Malick.
Aborda con sensibilidad y rigor un tema complejo como el de la adopción. Es un film emotivo y genuino, aunque disperso y con algunas situaciones forzadas que afectan el resultado final.
Es una de esas películas que comienzan muy bien pero terminan decepcionando, afectadas por las limitaciones propias y por la falta de audacia para trascender el canon vigente del género.
La crítica norteamericana le lanzó duros comentarios, pero algo de razón tienen. Sin embargo, el resultado final, que mezcla liviandad con un espíritu festivo, no merecía un ataque tan severo.
La película presenta un enfoque más automático y meticuloso. A pesar de contar con una serie de chistes previsibles, 'Un príncipe en Nueva York 2' se siente como una repetición de lo ya visto.
Visual y sonoramente impresionante, defensor del montaje frenético a toda costa, directo y exuberante, Bay presenta a sus personajes cortando y pegando imágenes con tal rapidez que impide cualquier intento de ubicación y comprensión de las escenas.
Adam Sandler y Drew Barrymore intentan brindar lo mejor de sí para dar vida a una comedia que sigue un enfoque conservador y presenta chistes que tienden a repetirse. En ciertos momentos logran cumplir con este objetivo.
Firth y Tucci brillan en esta sobria y contenida historia. Ambos se enmarcan en la mejor tradición británica, mostrando actuaciones que prestan atención a la cadencia de los diálogos y a la sutileza de la comunicación no verbal.
El resultado es un retrato sobre los vínculos, tan noble como desgarrador, un relato madurativo en el que los integrantes de esa familia aprenderán a convivir con la realidad que les toca.
Encuentra sus mejores momentos con el musculoso John Cena. Farrelly también se enreda estirando el relato mucho más de lo necesario, pero sigue teniendo la mira afinada para imaginar mil chistes motorizados por la estupidez.
Giralt le imprime el tono de una comedia amable y felizmente liviana aun cuando lo que se esté dirimiendo sea, quizás, la posibilidad del comienzo de algo nuevo.
Momoa comprende a la perfección el código de la saga, interpretando un villano memorable que combina altanería, megalomanía, cinismo, prepotencia y sarcasmo.