Logra generar empatía por las situaciones, más que por los personajes, pero también provoca incomodidad, especialmente por el destino que enfrenta Juli. Esto resalta el papel de lo femenino en este universo, relegando a la mujer a un mero elemento disruptivo.
Una de esas películas con la cual es imposible enojarse, aun cuando se note en ella una preocupación mayor por provocar efectos sobre el espectador que por la creación de situaciones coherentes con las reglas de su universo ficcional.
La búsqueda de una producción industrial en su construcción, clásica en forma y popular en alcance, funciona en parte. Aunque el filme se adentra profundamente en el mundo del fútbol, sucumbe a la tentación del sentimentalismo, amplificado por una banda sonora que resalta cada momento.
Los directores construyen una película anacrónica que elige hacerse cargo de su condición mediante un tono melancólico y crepuscular y que opera menos como secuela que como homenaje a la piedra basal del humor de los Farrelly.
Fallada desde su misma concepción, imposibilitada de comprender a sus personajes, la película irá elevando su tono de moraleja boba. Bastante poco –casi nada– para “cuatro oscarizadas leyendas del cine”.
El film nunca explora las motivaciones y posibles insatisfacciones personales que llevan al cuarteto a arruinar el vínculo que habían conseguido. En lugar de eso, opta por un camino más sencillo y conceptualmente menos impactante, limitándose a retratar los acontecimientos sin establecer tensión alguna.
La nueva propuesta de Amazon en animación para adultos presenta múltiples hallazgos y se distancia de los clichés del género de superhéroes a través de una violencia extrema.
Ocho episodios de media hora son suficientes para que esta propuesta, que fusiona un tratado filosófico-existencial con humor negro, se establezca como el proyecto de animación más ambicioso y provocador de 2020.
Sin correrse demasiado del subgénero de películas protagonizadas a partes iguales por perros y humanos, el film de Chris Sanders se apoya en un perfecto CGI y el oficio del veterano actor.
Termina siendo una película original e interesante, con méritos suficientes para que el espectador se deje llevar en el viaje de ese viejo toro, que es también el de toda una cultura.
Ritchie es el timonel de un barco que termina amarrado en el puerto del entretenimiento eficaz luego de un viaje de rigor, sin sobresaltos ni grandes rugosidades.
Pero, ¿y lo monstruoso que prometen las sinopsis? Poco y nada, dado que Kurtzman y sus cinco coguionistas apuestan por crear una típica película multitarget en la que suceden mil cosas sin que se entienda muy bien.
No tiene mucho más que ofrecer más allá de su particularidad técnica. El resultado es una película tan original en su forma como trillada y solemne en su desarrollo.