Para culpables y contradictorios voyeurs de la decadencia de Europa. Pantagruélico y excesivo, el director se pone del lado de su villano de opereta: reniega de lo correcto para abrazar la falibilidad.
Interesante, resulta más atractivo como un ensayo cuasi fatalista y romántico que como un producto destinado a seguidores. Además, se encuentra notablemente por encima de la media.
Película deliciosamente intrascendente y adorablemente previsible. No arriesga nada y juega sobre seguro. Todo parece cambiar para que todo siga igual. En el fondo, puede que eso nos guste.
Es un artefacto humorístico de alta precisión. Reem Kherici, en su triple función de directora, actriz y guionista, rompe con la ortodoxia de la romcom, reinventando el género de manera refrescante.
De todo el proceso para cumplir con los requisitos de ser una persona normal, la película logra sus mejores momentos: las citas, los tests y los equívocos.
Magnífico. Shyamalan es único en crear incomodidad y suspense a partir de elementos mínimos, logrando una elegancia que parece haber desaparecido en el cine actual. Es una grandiosa película.
Es una película de guerra al estilo clásico, con una cinematografía impresionante y una adherencia notable a las convenciones del género. Dicha obra evoca la nostalgia de un programa doble, tal como se hacía en tiempos pasados.
Con entrañable cariño ochentero y una peleona defensa a favor de los maquillajes viscosos y la ausencia de hipsterismos, se presenta un festival para los auténticos amantes del horror claustrofóbico.
Funciona de fábula en el ámbito de las películas de boxeo, con sus convencionalismos y tópicos, pero ese combate final merece un elogio. No obstante, lo que predomina y se busca es la comedia, una comedia geriátrica que ofrece momentos únicos.
Es una sinfonía de horror y fantasía que en su tramo final alcanza niveles de excelencia, con un estilo visual inédito en el MCU. Destaca la actuación de Danny Elfman, que es sencillamente soberbia.
Cabalga a pelo lo churrigueresco, videoclipero y viedojugable, sin optar por la seriedad que implicaría profundizar en una franquicia cuyas bases ya están claramente establecidas. Estas son suficientes para disfrutar.
Un neowestern que se asemeja más al universo desolador del escritor John Steinbeck que a las obras de Terrence Malick o Cormac McCarthy. Nos presenta una Texas árida y asfixiante, retratada por un director estilista que emplea un humor negro ingenioso.