Con entrañable cariño ochentero y una peleona defensa a favor de los maquillajes viscosos y la ausencia de hipsterismos, se presenta un festival para los auténticos amantes del horror claustrofóbico.
Funciona de fábula en el ámbito de las películas de boxeo, con sus convencionalismos y tópicos, pero ese combate final merece un elogio. No obstante, lo que predomina y se busca es la comedia, una comedia geriátrica que ofrece momentos únicos.
Es una sinfonía de horror y fantasía que en su tramo final alcanza niveles de excelencia, con un estilo visual inédito en el MCU. Destaca la actuación de Danny Elfman, que es sencillamente soberbia.
Cabalga a pelo lo churrigueresco, videoclipero y viedojugable, sin optar por la seriedad que implicaría profundizar en una franquicia cuyas bases ya están claramente establecidas. Estas son suficientes para disfrutar.
Un neowestern que se asemeja más al universo desolador del escritor John Steinbeck que a las obras de Terrence Malick o Cormac McCarthy. Nos presenta una Texas árida y asfixiante, retratada por un director estilista que emplea un humor negro ingenioso.
La película logra funcionar, y lo hace de manera efectiva. Presenta buenos chistes, aunque algunos son menos acertados. Las canciones son excelentes y se percibe una atmósfera de celebración propia de un cierre de ciclo.
Un espectáculo visual, un frenético mix de épica político-bélica y conspiraciones, pero sobre todo, una apasionante reinterpretación de la figura de Milady De Winter, interpretada de manera fabulosa por Eva Green.
Utiliza con maestría los puntos de vista, los planos subjetivos, el fuera de campo y el contraste entre luz y oscuridad, además de añadir al relato lo que el guión obvia: el mundo de los adultos como un universo de muertos en vida.
Ideal para un Halloween previo en temporada veraniega. Divertida, de brillante atractivo visual, con una galería de fantasmas que remiten no solo a los de las atracciones disneyanas, sino a los dibus de ‘Scooby Doo’.
Resulta intrigante este regreso a las habitaciones frías y malolientes. Se trata de una propuesta dentro del cine de horror, digna sucesora de 'Amityville II: La posesión'.
Entre las muchas cosas que le debemos agradecer a esta siguiente estación está el haber transformado a Paz Vega y a su homónima Paz Padilla en versiones contemporáneas de Dean Martin y Jerry Lewis.
Marcha a toda máquina en sus 90 minutos sin perder el ritmo y con eso tan de agradecer de tener como única pretensión hacer pasar un buen rato y a un amplio espectro de público.
La película destaca por su destacada calidad visual y dirección, integrando de manera excepcional a los héroes de felpa, los actores de carne y hueso, así como la animación tradicional y la generada por ordenador.