La capacidad de observación del director sublima un relato que se diría redactado por Gustave Flaubert para una crónica del ¡Qué me dices! Lo mejor: Verónica Echegui. Lo peor: no acabar con el primer plano del tren.
Amable loa al cariño incondicional, la paternidad y la familia. Aunque hay momentos que rozan el exceso de sentimentalismo, no me incomoda su enfoque ligero y el humor accesible que presenta.
Un decorativo y tradicional elemento de menaje cinematográfico y melodramático que conserva en su interior un fuego de crítica social, tenue, aunque presente.
La historia captura el ritmo de los juegos, los primeros amores, las amistades, las celebraciones y el despertar a la vida, para desequilibrar de manera sutil ese edén bucólico. Se presenta así un viaje duro, de trágica iniciación y desconcierto.
Este drama romántico evoca una profunda tristeza, recordando a los ángeles de Wenders de un pasado en Europa en transformación, ahora ausentes en un mundo que parece dirigirse hacia la autodestrucción.
La guerra es un verdadero infierno, y Michael Bay logra plasmarlo de manera tangible y visible, sumergiéndonos por completo en esa experiencia. Se trata de una obra de cine de terror más que de propaganda.
Fassbinderiano circo de tinieblas con gráfica y desagradable violencia. A través de una sórdida descripción, la historia parece detenida en el tiempo, revelando un territorio de pesadillas expresionistas.
Krasinski se esfuerza por evitar una atmósfera demasiado oscura, creando una suerte de comedia animada que, para beneplácito de quienes disfrutan del lado siniestro, y en contra de aquellos que prefieren el cine familiar, no termina de encontrar su rumbo.
Tan entrañable como bobalicona, fiera y calmada, propone una cruzada de andar por casa que no deja de ser la eterna de comprender el sentido mismo de nuestras existencias.
Es un musical que brilla más que los neones de Broadway, gracias a una increíble mezcla de humor, emotividad y una actuación deslumbrante de Javier Bardem.
Sigue ese sendero de madurez forzada y prematura, presentando un hermoso distanciamiento emocional, mientras se aprende a distinguir entre un estado de ánimo y un sentimiento.
Una humilde ópera prima que logra transmitir inocencia y autenticidad mediante un esquema sumamente mínimo pero eficaz: el regreso de un joven a su pueblo valenciano de origen.
'La última bandera' se presenta como una comedia agridulce y tabernaria, acompañando a un grupo de hombres que, a pesar de su madurez, aún perciben que no estamos en la oscuridad. La película invita a la reflexión y celebra la amistad.
Una comedia es 'Casi leyendas', que resulta muy divertida y, al igual que muchas en su género, presenta un toque de amargura que sirve de telón de fondo en el concierto de nuestra existencia.
Frente a las películas vacías de hoy, se destaca la atención a los personajes y los diálogos. Esta obra puede considerarse una versión masculina y jubilosa de los films protagonizados por Judy Holliday, lo que representa una clara declaración de principios.
Celebrando el sexo, los desnudos y los finales nada convencionales. Lo mejor: la tentadora y lolítica Lola Le Lann. Lo peor: la comedia no es el fuerte de Richet.
Es en el momento en que la Mathilde, interpretada por Deneuve, se revela como el eco polanskiano de su personaje desequilibrado, solitario y frío de 'Repulsión' (1965) que la película cobra vida. Se transforma en un estudio sobre la locura cotidiana, donde la brillante intérprete se apodera de la función.
Seth Rogen, Evan Goldberg y el diverso elenco del neohumor del siglo XXI en Estados Unidos se presentan de manera desinhibida, interpretándose a sí mismos. Este sacrificio colectivo se convierte en un ejercicio masoquista y rabiosamente divertido, lleno de autoflagelación e ironía, que llega a ser antológico.