Es un relato amoral y decadente, un frío retrato de vidas sumidas en la oscuridad. Se asemeja a una historia vampírica endogámica marcada por el uso de elipsis y saltos temporales.
Además de una comedia simplemente desternillante, un brillante ejercicio antinostálgico en la línea del último (también viajero y fantástico) Woody Allen.
Una comedia romántica que resulta ser una copia de las últimas tendencias del subgénero, careciendo de originalidad y ofreciendo una experiencia bastante insípida.
La carrocería de este elegante y, en ocasiones, afilado cuarteto matrimonial es lo suficientemente brillante y madura como para ser seducido por la retórica de sus vendedores.
Irremediablemente sensible y lacrimógena, sortea como puede su condición de telegrafiado drama tras la comedia, enamorado sin pudor de su pareja protagonista.
El film podría haber sido más efectivo, más humano y realista, si no se dejara llevar por una iluminada manera de resolver esta nana terminal, pero esperanzadora. Si hubiese incidido más en la rabia (...) habría estado mejor.
La película, de una sencillez tan desarmante como su complejidad sentimental, cede algo en sus guiños al indie yanqui (o al indie europeo), pero sin restarle simpatía (...) el bar de Cheers reciclado para homeless del mainstream.
El principal problema es que la supuesta gracia de la trama se agota en los primeros diez minutos. La película avanza más despacio que una novia por el pasillo central y resulta excesivamente empalagosa.
Circunscribir este precioso bolero cuya melodía se hace carne, color y sentimiento con la etiqueta de cine de animación es quedarse corto. Cine, pero con mayúsculas.
Extraordinario film. '¡Nop!' es profundamente herzogiana en su forma de fusionar el cine con la odisea alucinada, convirtiendo ambas en una sola y única aventura.
Podría conformar un buen programa doble con el disneyano 'Colmillo blanco' de Randal Kleiser, transita un sendero que le deja a las puertas de (palabras mayores) 'Las aventuras de Jeremiah Johnson'.
Renner e Imbert logran un enfoque audaz al transformar el mágico universo de las fábulas de Jean de La Fontaine en una ingeniosa y hilarante tira cómica ilustrada en acuarelas.
Hubiera sacado matrícula de honor en la factoría Corman, allá en esos años que añoramos, porque lo que nos ofrece no es sino la Piraña del siglo XXI. Economía descriptiva, resabios clásicos, terrorismo cultural (el perro de Paris Hilton), suspense, humor y heroísmo.
La película no deja nada a la imaginación de los antiguos y nuevos espectadores, pero eso no significa que deba ser ignorada. Guy Ritchie logra captar la atención del público con su estilo distintivo.