Impactante. Hawes dirige la película sin apenas salir de los márgenes del producto 'qualité' de la BBC. No hay reproches, pero cada vez que se atreve a innovar, el film lo agradece. En esos momentos, realmente recuerda a 'La lista de Schindler'.
Branagh y su guionista logran presentar la mejor película de esta trilogía hasta ahora. En esta tercera entrega, llena de un ingenioso humor italiano, Poirot se convierte cada vez más en un personaje al estilo Clouseau, lo que añade un toque fresco a su caracterización.
Bordea ese ejemplar de novela histórica en elegante encuadernación, culpa (o virtud, depende de cómo lo miremos) del molde de este tipo de cine británico de impecable factura (...) y más que solventes interpretaciones (…) Puntuación: ★★★ (sobre 5)
La película narra una historia romántica con el estilo característico del cine mudo. Es una obra íntima que se sostiene gracias a las brillantes actuaciones de Marion Cotillard y Brad Pitt.
La película no aborda el enigma que representa el ser humano, sino que se centra en cómo este se ve forzado a codificar sus emociones y su identidad como una forma de protección frente al poder.
Posee un estilo teatral maravilloso, una utilización del suspense donde lo menos es más y un brillante saber moverse en un espacio mínimo que se agradecen en estos días de retruécanos.
Comedia negra que George Clooney navega sin problema, aunque parece interesarle más la crítica social que destrozar el Sueño Americano. Es en ese tono de sátira y pesadilla donde la película logra posicionar a sus estáticos maniquíes.
Un film muy agradable dentro de su convencionalidad propia del género le hace subir puntos al dotar de un psicologismo más profundo, más interesante que una simple historia de redención o paternidades asumidas.
No deja de ser lo que hubiera sido una comedia de robos de los años 60 en Estados Unidos. Todo tiene un formato familiar, con esa simplicidad que resulta tan placentera para hacer reír.
Hitchcock, con su apariencia de telefilme de lujo, recuerda a las presentaciones televisivas del corpulento director y a sus cameos en sus películas. Resulta irónicamente suave y sumamente encantador.
Bigelow, en su trabajo más redondo e inspirado en años, va cerrando su visión coral de los acontecimientos hasta llevarnos a la depuración absoluta, al terror claustrofóbico.
O. Philippe y ese cónclave de fans, cineastas, escritores nos muestran, directamente, que estamos presenciando una violación, un apuñalamiento, el nuestro propio. '78/52' se convierte en nuestra asombrosa película snuff.