Está entre las películas más preciosas y optimistas del actor-director. Estamos ante la obra de un cineasta mayor. No queda más que quitarse, nuevamente, el sombrero ante Clint Eastwood.
Es profundamente rosselliniana en cómo se acerca a este humanista, un ejercicio de sensibilidad, ternura y elogio de la familia. Su estilo refleja un clasicismo cinematográfico que alcanza aquí cotas extraordinarias.
Saca a la luz una parte (al menos para quien esto escribe) desconocida y poco tratada en la gran pantalla de Argentina. Lo hace con mimbres de thriller, en varias secuencias con un ritmo arrollador.
Crónica criminal crepuscular tan dura y desencantada como las arrugas del pétreo rostro de Gérard Lanvin. En cada plano reina el furor, la belleza y el arrebato.
Aterrador 'fake footage'. Lo más destacado es cómo el director aprovecha el material fuera de cámara. Sin embargo, la película llega tarde al juego, siendo una más en un mar de films similares.
Banks da un salto mortal tras las cámaras de 'Oso vicioso' para caer de pie y triunfante. Es puro vicio: un cartoon acelerado, un survival con bicho desbocado de asumidas raíces setenteras.
Todo resulta demasiado edulcorado, no es un biopic despreciable. Lo más destacado de este 'Ha nacido una estrella' radica en la conexión entre cada gran tema y el estado vital, anímico y profesional de Houston.
Kormákur evoca la figura de Werner Herzog, maestro del género que explora gestas destinadas al fracaso y la dolorosa supervivencia, aunque en esta ocasión se adentra en un remake acuático de 'Gravity'.
Con secuencias de acción, incluso épicas, filmadas con energía, la película puede presentar debilidades, llegando a rozar lo propagandístico. Sin embargo, se erige como un alegato muy necesario y útil contra la guerra y la violencia del estado.
Nos hallamos ante el responso salvaje de toda esa tradición escrita, dibujada y filmada que nació en los años 60, un minimalismo puro donde la acción, tan efectista como alocada, resulta metarreferencial.
Lo que sobresale es la fascinación constante hacia la figura del timador, sin importar cuán patético sea. Esto cumple con un propósito de entretenimiento muy bien logrado.
Cierto sopor se adueña de la función, roto gracias al esfuerzo de su cuadro de actores, conscientes de que tal vez ‘Guardián y verdugo’ no sea una buena película pero sí un alegato necesario.
Esta reescritura de la imaginería Terminator acepta con orgullo su estatus de serie B fantástica y se deleita en revivir íconos de la saga, adoptando incluso el estilo de un cómic seriado.
Magnífico Smith. Su interés radica en la esencia melodramática que no duda en arrancarte las lágrimas, con raíces chaplinianas (El chico), en el centro de un filme que aborda el temor al fracaso en la paternidad.
Un cuento de terror engalanado con un interminable desfile de vestidos que se presenta como un perturbador ejercicio de estilo sobre la soledad y la antropofagia social.
La última y excelente película de Alberto Rodríguez trasciende el concepto de misión imposible, presentando una muestra elegante de su estilo narrativo.
De la Iglesia ejecuta, con virtuoso brazo de hierro, un brioso y calculado enigma. Un impresionante plano secuencia plantea el problema clave del filme.