Con secuencias de acción, incluso épicas, filmadas con energía, la película puede presentar debilidades, llegando a rozar lo propagandístico. Sin embargo, se erige como un alegato muy necesario y útil contra la guerra y la violencia del estado.
Nos hallamos ante el responso salvaje de toda esa tradición escrita, dibujada y filmada que nació en los años 60, un minimalismo puro donde la acción, tan efectista como alocada, resulta metarreferencial.
Lo que sobresale es la fascinación constante hacia la figura del timador, sin importar cuán patético sea. Esto cumple con un propósito de entretenimiento muy bien logrado.
Cierto sopor se adueña de la función, roto gracias al esfuerzo de su cuadro de actores, conscientes de que tal vez ‘Guardián y verdugo’ no sea una buena película pero sí un alegato necesario.
Esta reescritura de la imaginería Terminator acepta con orgullo su estatus de serie B fantástica y se deleita en revivir íconos de la saga, adoptando incluso el estilo de un cómic seriado.
Excesiva, loca, mutante y asombrosamente libre, esta película se presenta como una extravagancia que abraza la heterogeneidad. Combina texturas y lenguajes visuales, dramáticos y de montaje, ofreciendo una mirada sin restricciones y una voluntad de digresión.
Magnífico Smith. Su interés radica en la esencia melodramática que no duda en arrancarte las lágrimas, con raíces chaplinianas (El chico), en el centro de un filme que aborda el temor al fracaso en la paternidad.
Un cuento de terror engalanado con un interminable desfile de vestidos que se presenta como un perturbador ejercicio de estilo sobre la soledad y la antropofagia social.
La última y excelente película de Alberto Rodríguez trasciende el concepto de misión imposible, presentando una muestra elegante de su estilo narrativo.
De la Iglesia ejecuta, con virtuoso brazo de hierro, un brioso y calculado enigma. Un impresionante plano secuencia plantea el problema clave del filme.
Se deja ver con agrado, no abusa de lo de verse obligado a meter un gag cada tres segundos, se ríe de la inquisitorial corrección política y regala al público no infantil un toque cinéfilo inusitadamente estimulante.
Viaje concéntrico y alucinante, ambicioso en su puesta en escena y generoso en su pantagruélica comilona de géneros. (...) Es ese sinsentido vital, familiar (...) o cósmico de estéril lectura (…)
Sabe no desconcertar al fan del MCU con los apuntes de este, pero su apuesta por ampliar el marco de aventuras y personajes hace del film un inteligente paso hacia todo lo que está por venir.
Que haya terminado siendo un wuxia fantástico con guiños a las ilustraciones de Gustavo Doré habla bien de 'Kung Fu Panda 3' y del rumbo que ha tomado la saga.
Una aventura nostálgica, pero más en la línea autoirónica que en la profunda. La conclusión es precipitada y no resulta del todo satisfactoria. Sin embargo, eso no parece afectar a los fanáticos, quienes están dispuestos a perdonar estos detalles.
Lo que hay de nuevo en la película es una audaz propuesta: la genialidad de transformar lo que podría haber sido un típico film de la primera época de Jean-Claude Van Damme en 'El Show de Truman' de las artes marciales.
Nada de garra: es una fábula simplificada al estilo estadounidense de la leyenda china del rey mono. Carece de un guión sólido y presenta efectos visuales repetitivos, además de contar con un héroe occidental poco carismático.
Espléndido hasta en sus defectos. Pocas superproducciones superheroicas son tan ricas en contradicciones y bipolaridad, además de rendir un homenaje a Christopher Nolan como lo hace 'The Batman'.