Se deja ver con agrado, no abusa de lo de verse obligado a meter un gag cada tres segundos, se ríe de la inquisitorial corrección política y regala al público no infantil un toque cinéfilo inusitadamente estimulante.
Viaje concéntrico y alucinante, ambicioso en su puesta en escena y generoso en su pantagruélica comilona de géneros. (...) Es ese sinsentido vital, familiar (...) o cósmico de estéril lectura (…)
Sabe no desconcertar al fan del MCU con los apuntes de este, pero su apuesta por ampliar el marco de aventuras y personajes hace del film un inteligente paso hacia todo lo que está por venir.
Una aventura nostálgica, pero más en la línea autoirónica que en la profunda. La conclusión es precipitada y no resulta del todo satisfactoria. Sin embargo, eso no parece afectar a los fanáticos, quienes están dispuestos a perdonar estos detalles.
Lo que hay de nuevo en la película es una audaz propuesta: la genialidad de transformar lo que podría haber sido un típico film de la primera época de Jean-Claude Van Damme en 'El Show de Truman' de las artes marciales.
Nada de garra: es una fábula simplificada al estilo estadounidense de la leyenda china del rey mono. Carece de un guión sólido y presenta efectos visuales repetitivos, además de contar con un héroe occidental poco carismático.
Espléndido hasta en sus defectos. Pocas superproducciones superheroicas son tan ricas en contradicciones y bipolaridad, además de rendir un homenaje a Christopher Nolan como lo hace 'The Batman'.
Tan solo importa dejarse arrastrar camino a un íntimo infierno donde acabamos reconociendo el síndrome de Stendhal que únicamente el género de terror es capaz de provocar.
En esta secuela que busca ser el último viaje hacia el infinito, todos intentan comprender al asesino de máscara marmórea, empleando un ingenioso cambio de perspectiva respecto a la película original.
Mal interpretada y mal dirigida, es una de las formas más comunes de abordar el género que hemos visto en la rutina de Blumhouse, en lugar de ser un regreso emocionante a las raíces del terror.
Fría incluso en sus secuencias de acción, la película reflexiona más sobre la transferencia de miedos y pecados que sobre el desarrollo de un psychothriller convencional.
Este capítulo final es más convincente que la segunda entrega; aquí se resuelven todos los cabos sueltos. A pesar de su estética lujosa, puede considerarse, y disfrutarse, como una interesante y aceptable serie negra.
Entrega más que digna de la saga, es una adictiva sesión de cine abstracto desmembrador que H. G. Lewis o incluso Mario Bava llevaron a maravillosos extremos.
Esos momentos de extremada maldad (el dedo, el pegamento en la boca, la cara arrancada) expuestos con gran estilo visual hacen de la cinta una más que interesante y agradable experiencia terrorífica.
Moonfall' sorprende agradablemente con su kubrickiano ('2001', claro) descenso al interior de la Luna, una contenida y filmada con austeridad casi soviética aventura filosófica y espiritual.
La película decepciona a los fanáticos de la franquicia que están acostumbrados a una ciencia ficción más convencional. Desde su diseño minimalista, se dirige a aquellos que han disfrutado de las locuras entrañables de la prolífica década de los años 50.
Simpática, no es más que la olvidada 'Odisea bajo el mar' (Daniel Petrie, 1973), un referente para sumergirnos en una adaptación finalmente encantadora de 'La llamada de Cthulhu'.
Aquí el clasicismo de Christian Nyby, John Carpenter y Alvin Rakoff se manifiesta con un tono divertido. Un Holandés Errante que combina la poesía del horror con momentos de humor.