Mientras juega a ese acoso y derribo sentimental y cómico sin escapatoria, el film se convierte en una muy divertida batalla en la cual el amor es tratado de una manera vitriólicamente novedosa.
Sustentada en la imparable, siempre sorprendente y matizada vis cómica de Paco León, es posible hacer un cine comprometido y social con humor sin necesidad de caer en el panfleto.
Comedia ácida y menopáusica que aborda la decrepitud no desde una perspectiva de decadencia, sino como una forma de resistencia más contestataria que reaccionaria. Representa un acto de desafío dentro de la comedia popular inglesa.
Tal vez haya demasiadas concesiones al humor gordo-flaco, y una caída en clichés blandorros, pero se le disculpan ante sus golpes de humor cazurro y su mensaje.
Destaca por los instantes de sobriedad narrativa, imprimiendo imágenes perdurables en nuestra memoria cuando se detiene a ver a los ojos de sus personajes, desamparados ante el Mal.
Observa con mucho tacto las heridas que la batalla deja en el alma humana y en esa zona inexplorada de la ausencia del hogar, lugar de reencuentro traumático.
Romcom de una amabilidad desarmante que carece de virulencia ideológica, pero que también critica con cierta gracia la hipocresía británica y de los movimientos oenegeístas.
Excelente film, el más acertado y acerado retrato de esta época del Mal que nos ha tocado vivir y sufrir. Y nos revela a un par de bestias de la interpretación: Pedro Casablanc y Manolo Solo.
Una obra para quienes disfrutan del melodrama racial. La actuación de la niña protagonista es lo más destacado, mostrando una naturalidad admirable. Sin embargo, la duración de la película resulta excesiva.
Para los seguidores de Cuarto Milenio, el título en español resulta engañoso. La película estilísticamente coquetea con elementos de sus contrapartes asiáticas, pero todo ello queda un tanto desdibujado.
Con excelente ritmo, suspense y riguroso análisis periodístico, este documento desclasificado no desfallece en ningún momento: sigue a su antihéroe con respeto, ramalazos picarescos y honestidad.
Para culpables y contradictorios voyeurs de la decadencia de Europa. Pantagruélico y excesivo, el director se pone del lado de su villano de opereta: reniega de lo correcto para abrazar la falibilidad.
Interesante, resulta más atractivo como un ensayo cuasi fatalista y romántico que como un producto destinado a seguidores. Además, se encuentra notablemente por encima de la media.