La forma que tiene la historia de reptar y la textura del terreno por el que avanza es uno de los atractivos de esta película. Desasosegadora hasta su último giro.
Película intimista. Curran ha explorado este mundo sin eludir ninguna arista, ofreciendo un trabajo reflexivo sobre un viejo problema, que culmina con un final engañoso.
Empieza con una escena fabulosa. Sin embargo, una vez que se han gastado los primeros millones de dólares, la creatividad parece agotarse. El argumento se vuelve tan predecible como monótono.
Graizer demuestra con este sencillo drama que no se necesitan ingredientes exóticos para crear un buen plato. En su debut, desafía los estereotipos del cine romántico y culinario.
Atípica película romántica, sus cien minutos se pasan volando sin apretar nunca el paso. La trama es interesante y la historia no deja lugar para quejas.
Comedia visceral, drama australiano. No es adecuado para todos los gustos, pero a excepción de los más exigentes, es fácil disfrutar de este banquete cinematográfico.
Mi gran cena griega. Hermosísima película. Quédense con el aroma de esta excelente obra, llena de humor y cargada de especias, que entra por los sentidos y ensancha el conocimiento.
Dista de ser la típica película escolar. Aquí, la originalidad se percibe desde la primera escena. El ejercicio de estilo es impecable hasta el final, lo que compensa el mal cuerpo que puede dejar.
A pesar de la previsibilidad del argumento en general, los detalles logran captar la atención. Daniel Auteuil y Camélia Jordana llevan la película a un nivel superior gracias a su interpretación.
Película pequeña y personal, filmada de una forma muy íntima y con personajes auténticos. Sin embargo, Mitre podría haber evitado algunas repeticiones poco efectivas que afectan el desarrollo de la trama.
Sin ser completamente original, la premisa de esta película de terror es realmente buena. El homenaje es genuino, aunque carece de profundidad. A pesar de que las diferentes partes se conectan con fluidez, se necesita una reflexión más profunda.
Película luminosa y feliz. Desde el plano cinematográfico, Jollien y Campan optan por no complicarse. Prefieren transmitir su poderoso mensaje de manera sencilla. El filme resulta terapéutico.
Un ingenioso giro argumental nos conduce de manera efectiva a un gran malentendido, que sirve como un excelente punto de partida para el desarrollo de la historia. A partir de aquí, logran hacer que la trama crezca de forma sólida.
Un plan más que apetecible. Que Mirren y McKellen disfrutaron en su primer filme juntos parece evidente. Saboreen su talento, porque aquí lo de menos es el resultado final.
Historia de superación que sigue al pie de la letra el manual. Su fidelidad es tan estricta que los aciertos que presenta se diluyen en la alarmante falta de sorpresas.
El guión avanza sin grandes sobresaltos, complementado por una sutil trama romántica. Los desnudos no sorprenden en absoluto. En esta representación de Normandía, no hay lugar para censurar ni un solo centímetro de piel, y casi tampoco de la película.