Inicia con ecos del cine clásico, sin embargo, en un punto pierde fuerza. Lo que era clásico se siente anticuado y la cámara no consigue captar la esencia de la narrativa de Simenon.
En los momentos donde los diálogos ceden ante la acción y la cámara se encuentra a plena vista, la esencia del conjunto se resiente, revelando su lucha por alcanzar una verosimilitud convincente.
La película presenta una serie de clichés inagotables, pero lo más notable de "Doble visión" es su elemento sobrenatural, que recuerda al cine de terror oriental contemporáneo, aportando un giro final intrigante. Además, la producción es impecable y mantiene el interés del espectador.
La trilogía ha mostrado un notable avance visual, aunque ha perdido algo de su frescura. Las constantes explosiones de humor son tan abundantes que a veces aciertan en el blanco. Lo que falta en sutileza se compensa con una gran efectividad.
Tras el complaciente retrato que le salió en 'Comandante', Stone plantea por fin alguna pregunta. Sin embargo, desde el punto de vista cinematográfico, esta secuela carece completamente de innovación.
Cabe señalar que esta película podría beneficiarse de una estructura dramática más sólida, ya que carece de un soporte claro que enriquezca la narrativa.
Si el espectador está dispuesto a aceptar la trama y sus giros, disfrutará mucho más de la película, tal como sucedía con el Ángel de la Guarda de Capra. La disposición a dejarse llevar por la historia es clave para una experiencia más placentera.
Géneros escurridizos. La directora incorpora leyendas sobre niños ahorcados y una red de trata de blancas. Lamentablemente, pierde el control de la narrativa.
Si hay un aspecto que no funciona es el contexto. Se perciben ciertos comentarios que se pierden entre el ruido de los disparos. La cinta logra divertir, sin embargo, carece de esa chispa emocional.
Una película que, durante excesivo tiempo, se limita a mostrar ego y fotogenia. Carece de reflexiones profundas o, al menos, de un argumento más dinámico.
Actores competentes y una realización adecuada. Es una película perfecta para disfrutar de una tarde. Hacer reír es complicado, pero se agradece cuando alguien lo logra.
La directora logra un filme realista y bien ejecutado, incluso si la protagonista no es un gran descubrimiento. Su insistencia en desafiar los prejuicios hace que valga la pena verlo.
El timo injusto es una colección de estrategias supuestamente efectivas que carece de un índice que organice su contenido, lo que dificulta su consulta.
Borcuch logra evitar un enfoque discursivo mediante los personajes, aunque su cámara a veces no acompaña del todo. Al no reforzar algunas ideas, el resultado puede ser desconcertante, pero se valora el esfuerzo por ofrecer una propuesta diferente.
La película omite la fase de preparación del golpe, que tenía el potencial de ser la más fascinante, y se lanza de lleno a la acción, buscando mantener la atención del espectador.
El inicio de esta nueva adaptación de una comedia danesa no destaca mucho, ni la dirección resulta particularmente impactante; sin embargo, sorprendentemente, la película logra funcionar bien, dejando poco espacio a las críticas.
Tropieza más de una y más de dos veces en la piedra de la ingenuidad. Como pieza publicitaria tiene su punto, y aunque como drama cinematográfico se disfruta, hay tramos que son mejores que otros.