Ojalá el guión hubiera exigido un poco más. En su arranque acierta de pleno en el tono, pero la cinta no logra mantener su empuje inicial y el conjunto se desvanece sin un género claro al que aferrarse.
La cámara, con un leve barniz documental, aporta verosimilitud a la historia. Aunque las películas pueden tener complicaciones, al realizador no le sale su difícil disparo por la culata.
Se luce gracias a una narración ágil y a la buena recreación de la época. La cinta brilla en todos los apartados técnicos, con profesionales de primera. Menos redondo es el guion.
Ostrochovský demuestra confianza en la inteligencia del espectador, presentando una película donde resalta su impresionante fotografía en blanco y negro que resulta visualmente cautivadora. Son 75 minutos que se disfrutan intensamente.
Desde 'La vida es bella', no veíamos una comedia tan luminosa sobre los acontecimientos más terribles. No es solo de una originalidad radical, sino que además el experimento funciona.
Noyce parece atrapado en uno de sus juegos de patriotas y no aporta la intensidad que requería la historia. Sin embargo, se destaca la matizadísima interpretación de Tim Robbins.
La prometedora casilla de salida nos introduce a varias situaciones atractivas, pero ninguna logra impactar realmente, quizás porque la impresión inicial es engañosa y «Kaplan» no se presenta como una comedia.
El amor en tiempos de guerra. Kusturica no se deja vencer por esa guerra incomprensible y se refugia tras su cámara, armada de música y vida, repleta de animales y sonrisas zíngaras.
Un thriller ligero y creativo, con más virtudes que fisuras. La atmósfera y los escenarios resultan creíbles. La historia es original y no se extiende demasiado. Solo por su estilo merece ser vista.
La película es original e inquietante. Lo más destacable es que no intenta ser pretenciosa. Su guión es inteligente y retorcido, además de estar impregnado de humor negro.
El principal inconveniente de la película radica en su incapacidad para conectar con el espectador, incluso para no provocar indignación. Resulta complicado ir al cine buscando precisamente lo que ofrece Weathley.
Después de un comienzo pausado, la película se vuelve emocionante en varios aspectos. La narrativa cobra fuerza y se intensifica en nuestro interior. Felicity Jones y Demián Bichir ofrecen actuaciones memorables.
Es una película trepidante, con grandes actores jóvenes, un despliegue técnico a la última y un guion inteligente que cumplirá su cometido: llevar a los cines a un número galáctico de espectadores.
Desluce un poco por la calidad algo inconsistente de las imágenes, algunas de ellas repetitivas, y por su enfoque más televisivo que cinematográfico. Sin embargo, el valor informativo y documental de las imágenes compensa, con creces, el interés que genera la obra.