Ofrece más virtudes que defectos y un ritmo que mantiene al espectador despierto. La historia posee la complejidad requerida sin ser confusa ni caer en los típicos clichés.
La prometedora casilla de salida nos introduce a varias situaciones atractivas, pero ninguna logra impactar realmente, quizás porque la impresión inicial es engañosa y «Kaplan» no se presenta como una comedia.
El amor en tiempos de guerra. Kusturica no se deja vencer por esa guerra incomprensible y se refugia tras su cámara, armada de música y vida, repleta de animales y sonrisas zíngaras.
Un thriller ligero y creativo, con más virtudes que fisuras. La atmósfera y los escenarios resultan creíbles. La historia es original y no se extiende demasiado. Solo por su estilo merece ser vista.
Calparsoro es un cineasta con evidente potencia visual y narrativa. La película atraerá tanto a los lectores como a quienes se aventuren a descubrir esta historia.
La película es original e inquietante. Lo más destacable es que no intenta ser pretenciosa. Su guión es inteligente y retorcido, además de estar impregnado de humor negro.
El principal inconveniente de la película radica en su incapacidad para conectar con el espectador, incluso para no provocar indignación. Resulta complicado ir al cine buscando precisamente lo que ofrece Weathley.
Después de un comienzo pausado, la película se vuelve emocionante en varios aspectos. La narrativa cobra fuerza y se intensifica en nuestro interior. Felicity Jones y Demián Bichir ofrecen actuaciones memorables.
Es una película trepidante, con grandes actores jóvenes, un despliegue técnico a la última y un guion inteligente que cumplirá su cometido: llevar a los cines a un número galáctico de espectadores.
Desluce un poco por la calidad algo inconsistente de las imágenes, algunas de ellas repetitivas, y por su enfoque más televisivo que cinematográfico. Sin embargo, el valor informativo y documental de las imágenes compensa, con creces, el interés que genera la obra.
Su virtud más obvia es la fotografía, de belleza sobrecogedora. Villaronga no ha perdido la capacidad de impresionar nuestras retinas con imágenes imperecederas. Es una obra de arte.
Alonso y sus guionistas presentan una historia ambiciosa, merecedora de ser exhibida en las escuelas. Aunque se requería cierta simplificación en la narrativa, los personajes no se vieron afectados, logrando captar la simpatía del público.
La película cautiva desde el primer momento, gracias a su excepcional banda sonora, y deslumbra con una fotografía maravillosa. Esta obra se siente única, como lo logran solo los grandes cineastas.
Una obra tan alegre e intrascendente como un buen baile. El espectador puede sentarse con una copa al borde de la pista y pensar en lo absurdo que resulta todo o dejarse llevar y sentirse dichoso.