Un melodrama que no teme a los extremos del género evoca los estilos de Barry Jenkins y Andrea Arnold: del primero, el lirismo emocional y su estilo visual vívido; de la segunda, el uso excepcional de un potente soundtrack.
García Bernal explora, a través del cine, la vida de personas que enfrentan desventajas socioeconómicas. Sin embargo, ahora adopta un enfoque más distante y menos didáctico, buscando una perspectiva lúdica a pesar de retratar un contexto de carencias.
Burnham explora en esta cinta la angustia adolescente en la era de las redes sociales, mostrándola, sin estallidos dramáticos, como un estado sostenido sin resolución.
La película no solo destaca por sus logros cinematográficos, sino que también cobra relevancia por el contexto de su estreno: coincide con el año en que Donald Trump fue respaldado por la clase trabajadora blanca, a la que Arnold representa con empatía.
El público mexicano parece creer que hay dos tipos de cine nacional: uno artístico, con una propuesta personal del director, a veces complejo; y otro comercial, alejado de nuestra realidad. 'Güeros', de Alonso Ruizpalacios, logra sortear este problema, encontrando un lugar entre ambas corrientes.
Una de las crónicas más honestas del cine sobre la infatuación, la entrega absoluta y la expulsión del paraíso que sigue a la primera gran decepción de amor.
No se conforma con revisitar los ochenta, sino que repite sin apologías ni guiños la premisa de 'Regreso al futuro', de Robert Zemeckis. Dos déjà vu por el precio de uno.
La red social' supera todas las pruebas: apela a nuestras nociones de víctimas y victimarios, asigna causas y consecuencias a cada una de las acciones, y esconde moralejas sutiles que sacian nuestra necesidad de justicia y compensación.
'La clase' aborda el problema con la crudeza que merece. A contracorriente del género, el entorno escolar que presenta Cantet es rudo, anticlimático, frustrante y desesperanzador.
La ambivalencia moral del relato se potencia al infinito con la actuación de Javier Gutiérrez. Pocos actores poseen su talento para interpretar personajes que aparentan benevolencia, pero son capaces de lo peor.
Larraín deja atrás los espacios claustrofóbicos. En el centro se sitúa Ema, una joven bailarina que desafía tanto en el cine como en la vida real, distanciándose de los estereotipos asociados al ideal femenino.
Al contar una historia desde la perspectiva de un niño, es un reto evitar las idealizaciones y las explicaciones innecesarias. La directora catalana Carla Simón lo sortea con éxito.