La vivacidad y la frescura nunca ceden y resultan irresistibles. Todo el desempeño de los intérpretes es destacable. Y no hace falta subrayar que las chicas constituyen el irremplazable corazón del film.
El despertar amoroso está visto por João Nicolau con mirada realista pero también con el arrebato del ojo adolescente en el que se funden el ensueño y la fantasía.
Graciosa y tierna, fresca y colmada de verosimilitud, 'Le nouveau' no sorprende por la presunta novedad del tema que trata, sino por la manera en que lo aborda: evita los clichés del género y se centra en la precisión de sus detalles.
Sencilla y generosa en situaciones y diálogos en los que no falta el humor y medida a la hora de apuntar a las emociones, la comedia tiene apoyo sustancial en un elenco admirablemente seleccionado.
Fábula, fantasía, documental, imaginación, vida real; todo se entrelaza en este relato singular que se mezcla con la poesía de una autora que, con solo dos películas en su trayectoria, ya muestra un estilo y un lenguaje distintivos.
Abrams, con buen criterio, concede bastante tiempo al espectador para familiarizarse con los personajes y tender algún vínculo afectivo con ellos, tanto como para que cuando comience el gran espectáculo la platea comprometa alguna emoción.
Puede excederse a veces en su voluntad metafórica, pero a ese primer gran acierto debe sumarse la sutileza con que expone el proceso de maduración de su personaje.
El mayor mérito del film reside en el rigor con que Frears evita los peligros que lo acechan: carece de manipulación, de tonalidades excesivas y de sentimentalismo.
El tema presenta una complejidad que García no logra abordar. Se perciben momentos emocionales y logros en la representación de un amor maduro, pero lo más destacable es, sin duda, el elenco excepcional.
El problema aquí, que lo hay, es la acumulación. Son muchos guionistas, incluidos algunos actores que también hicieron su contribución. Hay por supuesto algunos aciertos, de ahí que los italianos hayan celebrado tanto la película.
Piroyansky busca crear una película que conecte con los jóvenes. Lo logra gracias a su comprensión del medio, su habilidad para captar el lenguaje juvenil y su buen manejo del ritmo cómico, aunque no logra evitar algunos altibajos en las diversas situaciones que conforman la historia.
La visión de una Nueva York alejada de las postales clásicas y el buen tono que Klapisch impone hacen que el filme, a pesar de sus concesiones, se convierta en una historia amable, claramente actual y, sobre todo, agradable.
Hay ciertos momentos divertidos, algún intento de emotividad y está el atractivo de la presencia de las estrellas, aunque nada es muy novedoso y el convencionalismo abunda.