Si hay algo que se puede reconocer en el director de Casi famosos es su capacidad para manejar el desborde de la historia, aunque esto no implica que haya logrado evitar los clichés.
Clásico en su estilo, refinado en lo visual, admirablemente interpretado, el de Troell es un film sereno, que sugiere calladamente el conflicto entre el sacrificio y la realización personal.
La luz entre los océanos' tiene sus mejores valores en el sector interpretativo, en especial en los trabajos de los protagonistas: Michael Fassbender, Alicia Vikander y Rachel Weisz.
El tributo al memorable cine de gángsters no consigue siempre transmitir aquella fuerza ni su poderosa unidad estilística, a pesar de sus aciertos en la ambientación y de contar con abundantes y ricos personajes.
Todo menos un cuento de hadas para niños: un melodrama teñido de humor negro, con acentos trágicos, un drama de celos y envidias, una historia de desdichas y amores que abreva en otros viejos cuentos.
A Helen Mirren le sobra oficio para asumir el papel de Maria con su habitual autoridad; Ryan Reynolds hace lo posible por no desentonar demasiado y lo logra en buena medida; En cambio, vale destacar el trabajo de la ambientación, sobre todo en los tramos que transcurren en la Viena del pasado.
Es Wes Anderson de punta a punta. Desde el comienzo es reconocible su cine hiperestilizado, la singularidad de su estética. La riqueza visual del film es un atractivo más.
Shortland se adentra en terrenos complicados, mostrando una sutileza admirable al optar por la sugerencia en lugar de exponer de manera directa una historia tan desgarradora.