A Helen Mirren le sobra oficio para asumir el papel de Maria con su habitual autoridad; Ryan Reynolds hace lo posible por no desentonar demasiado y lo logra en buena medida; En cambio, vale destacar el trabajo de la ambientación, sobre todo en los tramos que transcurren en la Viena del pasado.
Es Wes Anderson de punta a punta. Desde el comienzo es reconocible su cine hiperestilizado, la singularidad de su estética. La riqueza visual del film es un atractivo más.
Shortland se adentra en terrenos complicados, mostrando una sutileza admirable al optar por la sugerencia en lugar de exponer de manera directa una historia tan desgarradora.
El sólido trabajo de Kraume no exhibe demasiada originalidad en su construcción, pero se sigue con sostenido interés hasta el final y además luce una muy cuidadosa ambientación de la época.
Es cierto que la extraña mezcla proviene del original literario, pero también se debe a que la realizadora, que no se destaca por su rigor, no siempre consigue armonizar elementos tan discordantes y toma caminos diversos.
Williams logra lo más complicado: conseguir que, sin emular demasiado a una Marilyn que solo ella misma podría interpretar, resulte creíble para el espectador.
Scorsese saca buen partido del material, pone al servicio de la historia su talento para traducir en imágenes y sonidos el clima de perturbadora incerteza que la gobierna.
Más allá de la mera biopic, el film gana palpitante verosimilitud y la directora DuVernay, la primera realizadora negra nominada para el Oscar, demuestra su potencia narrativa.
Técnicamente impecable y fotografiada con notable sensibilidad por Elmer Ragalyi, el film flaquea bastante en su construcción, al punto de que hay veces en que cada secuencia parece conformar una unidad separada del resto.
Phillipe Le Guay intenta crear una película optimista a toda costa, sin importar recurrir a lugares comunes, agregar elementos pintorescos, perder la coherencia en el comportamiento de los personajes y alejarse de la verosimilitud.
Además de la recreación de la Marsella de esos años, de la sostenida tensión del relato y de los excelentes trabajos actorales, (...) 'Conexión Marsella' se muestra, sin descollar, digna de figurar a la altura de la bien ganada tradición del policial francés.