Como realizadora, Julie Delpy consigue incorporar a sus películas el mismo encanto y la inteligencia que utilizó para seducir a Ethan Hawke en la serie que ambos comparten con Richard Linklater.
No sobra originalidad en la propuesta, que insiste, a veces forzándolos, en la sucesión de giros (más o menos sorpresivos, más o menos creíbles) que alimentan el suspenso de la trama, pero desatiende un costado que pudo ser sustancioso.
'Incomprendida', es cierto, no logra disimular el carácter episódico que deviene de la estructura del guión, pero alcanza momentos de conmovedora verdad.
Una visión diferente y novedosa de la guerra de Yugoslavia. Hay un gran esfuerzo físico por parte de los actores, y el director, que observa cada matiz con atención, supo aprovechar ese trabajo al máximo.
Torpes y absurdos, los caprichosos e insensatos caminos que el guión toma en busca de tensión, sorpresas y golpes de efecto sin detenerse a reparar en la coherencia de la historia y mucho menos en la lógica.
El uso del "found footage" resulta efectivo al principio; sin embargo, su repetición se vuelve evidente y la inclusión de elementos sobrenaturales da lugar a varios clichés, así como a comportamientos inconsistentes de algunos personajes y a explicaciones complejas.
Teniendo en cuenta quiénes son sus autores, es natural que la mirada sea más profunda y que no asomen los clásicos estereotipos y lugares comunes. El film se interna en ese mundo con la seguridad y la autoridad que le confieren sus hacedores, el terreno que exploran les es propio.
Aronofsky establece un ambiente opresivo y aprovecha esa ambigüedad. Sin embargo, recurre a clichés, sensacionalismo y momentos efectistas. 'Cisne negro' es una película que genera reacciones extremas: se ama o se odia.
Los directores no son expertos en el género, aunque sí saben imponer el ritmo vertiginoso que ayuda a disimular la escasez de ingenio. Lo demás es lo de siempre.
Ni tan divertido como podían haber esperado los fanáticos de los hermanos Farrelly, ni tan desastroso como temían los seguidores de Los Tres Chiflados.
Fue su autobiografía la que Vincent Garenq tomó como punto de partida del film, lo que explica que su prolija ilustración del caso confiera rasgos de héroe al protagonista.