Un vistoso diseño de producción y el alto presupuesto invertido en él es todo lo que queda como atractivo del film, ya que no lo hay en la concepción de la historia contada sin mayor vuelo.
El film avanza a una rápida velocidad, dejando que las explicaciones se revelen gradualmente a lo largo de la narrativa, lo que nos invita a disfrutar de una aventura intrigante.
El tono que impone el director debutante John Michael McDonagh, acompañado por un diseño de producción, fotografía y edición excepcionales, seguramente motivó a cada miembro del elenco a comprometerse plenamente con su actuación.
Están ahí todas las marcas llamativas del modelo Ritchie: el tiempo de la acción, que es administrada en ráfagas, la combinación de vértigo y humor, los bruscos cambios de velocidad, la abundancia de planos detalle y la cámara lenta.
Que las flatulencias sean un elemento central de esa presencia indeseada deja en claro el tipo de "humor" que exhiben los guionistas y el director Mike Tiddes.
En la película hay un poco de todo: una casa embrujada, un juego de ouija para comunicarse con el más allá, oscuros secretos familiares y trampas que generan más risas que miedo.
Buozyte aprovecha a los personajes para explorar el sexo y el deseo a través de escenas provocativas y embriagadoras, que a menudo resultan complejas de interpretar, pero que poseen una enorme carga sugestiva.
La adaptación respeta con gran fidelidad la estructura del libro, reflejando de manera efectiva una sociedad clasista. Más allá de delinear sus evidentes contrastes, también introduce observaciones que revelan un ligero espíritu crítico en varios de los personajes.