Buozyte aprovecha a los personajes para explorar el sexo y el deseo a través de escenas provocativas y embriagadoras, que a menudo resultan complejas de interpretar, pero que poseen una enorme carga sugestiva.
La adaptación respeta con gran fidelidad la estructura del libro, reflejando de manera efectiva una sociedad clasista. Más allá de delinear sus evidentes contrastes, también introduce observaciones que revelan un ligero espíritu crítico en varios de los personajes.
Largometraje que puede ser electrizante mientras desarrolla el dramático proceso de aprendizaje, alcanzar en más de un tramo el nervio y la tensión de un thriller, encender la emoción y sortear los estereotipos del género que acechan en la historia.
El director debutante busca abordar el tema de manera seria, sin descuidar el ingenio, al mismo tiempo que entrelaza elementos de la comedia romántica.
La torpe adaptación y el lenguaje gélido y escasamente riguroso de la directora Emily Young, que no consigue convertir a personajes que son puro cliché en seres humanos reconocibles, echan a perder cuanto podía haber de sustancia dramática en la historia.
Son 130 minutos especialmente recomendables para los adictos a la superacción y en especial a los films de esta serie. Más allá del considerable exceso de metraje, los demás podrán entretenerse si disfrutan del vértigo constante.
Lo que más llama la atención en un film de este carácter es que en los 100 minutos de proyección no asome ningún plato que resulte tentador para el espectador.
una hora y media de sabroso (e inteligente) entretenimiento, música seductora (con predominio del soul) y la no tan frecuente experiencia de disfrutar de un elenco que siempre acierta con el tono justo.
Éste es, como el film que lo precedió, uno de esos casos en que grandes actores son capaces de compensar con su encanto, su talento y su simpatía un material narrativo que no necesariamente debe desbordar de ingenio.
Nada se aleja de las fórmulas establecidas, y los lugares comunes son frecuentes. La manipulación emocional se intensifica de tal manera que resulta casi vergonzoso.