Lo que más llama la atención en un film de este carácter es que en los 100 minutos de proyección no asome ningún plato que resulte tentador para el espectador.
una hora y media de sabroso (e inteligente) entretenimiento, música seductora (con predominio del soul) y la no tan frecuente experiencia de disfrutar de un elenco que siempre acierta con el tono justo.
Éste es, como el film que lo precedió, uno de esos casos en que grandes actores son capaces de compensar con su encanto, su talento y su simpatía un material narrativo que no necesariamente debe desbordar de ingenio.
Emoción, sentimiento, honestidad. Sincera emoción; puro y sincero sentimiento que no se declama, pero se contagia desde las imágenes. Los personajes logran expresar más con sus miradas que con sus palabras.
Nada se aleja de las fórmulas establecidas, y los lugares comunes son frecuentes. La manipulación emocional se intensifica de tal manera que resulta casi vergonzoso.
Para su bello film, Maria Sole Tognazzi elige la sutileza y la sugerencia. La historia es simple, pero no previsible; descarta cualquier altisonancia y retrata con trazos delicados y diálogos que suelen ser jugosos.
Es una obra que habla de artistas veteranos, retirados de su profesión, pero todavía apasionados por ella, una historia que no esconde las sombras crepusculares de la vejez, pero prefiere rescatar las pequeñas chispas que se conservan en la voluntad de vivir.
El mérito mayor corresponde a Labaki, que consigue hacer equilibrio entre tantos elementos y amalgamarlos para (...) hacer que la narración avance en un crecimiento constante hasta llegar a la plena emoción de las secuencias finales.
Los momentos dramáticos suenan poco convincentes, especialmente aquellos que intentan justificar la misantropía del personaje central, lo que los hace parecer irreales e innecesarios.