La odisea se sigue con interés porque escenarios y protagonistas dan sensación de autenticidad, pero se echa en falta más descripción del tiempo transcurrido, indispensable para la justa comprensión de la historia.
Todd Haynes vuelve a demostrar su voluntad de originalidad, al tiempo que su gusto por el melodrama con resultados tan ambiciosos como estéticamente brillantes y narrativamente discutibles.
Correcta en el aspecto reconstructivo de época, pero le falta vivacidad y picardía, el humor y simpatía con que el cronista dotaba a sus personajes. El director falleció tras este debut.
Fue el filme por el que Alan Rudolph obtuvo un reconocimiento más amplio, pero decepcionó, y con razón, a devotos de anteriores películas del director. La película es bonita de ver y se nota la complicidad de los actores con el director, pero también es esteticista, superficial y autocomplaciente, muy distinta de las películas profundas, que no sol
La película se destaca por su inmersión en escenarios, presentando una dirección artística impresionante, comparable a las superproducciones de Disney. Sin embargo, lo más entretenido son las imágenes de dibujos animados.
La biografía se presenta de acuerdo a las convenciones de Hollywood. Destaca la clara exposición de las maniobras políticas y el estilo casi de falso documental durante los Juegos.
Una serie de episodios narrados con gran precisión, cuidando cada detalle en la reconstrucción de la época y con un enfoque estético admirable, aunque logran transmitir poco de las pasiones que dan vida a la obra original.
Argumento, guionistas, reparto y música ilustres para una ambiciosa película, demasiado quizá, porque la precariedad de la producción hacía imposible culminar el proyecto. Debería haber sido más documental y épica.
Con una narración lineal clásica que abarca décadas, se presenta la carrera de la protagonista y su vida familiar sin caer en la idealización heroica ni en el discurso doctrinal.
Espinosa ofrece un atractivo espectáculo de acción, pero es la evolución de los personajes, junto con un suspense que a momentos roza lo hitchcockiano, lo que realmente destaca en las tres épocas que explora. El reparto, por su parte, es excepcional.
Puro folletín. Mostrar que en el Franquismo se extendió la delación es el propósito malogrado de un culebrón tremendista e inverosímil cuya protagonista resulta absolutamente incomprensible.
Peter O'Toole está más divertido que nunca. La actuación del elenco es sobresaliente y la trama se desarrolla de manera ingeniosa y entretenida. Sin duda, una obra que mantiene al espectador cautivado con su humor y encanto.