Nos enfrentamos a una obra madura, donde el director no se regodea en su estilo. Aunque lo manifiesta claramente, hace mínimas concesiones a su público, brindándoles en ciertos momentos lo que esperan, sin traicionar la integridad del filme.
La película juega a conseguir el impacto de un clásico atemporal. Lo logra con éxito y se aleja de la necesidad de justificar la maldad. Es una experiencia enriquecedora para los amantes del cine clásico.
Secuela del filme homónimo de 2013, se siente más manipuladora y poco genuina. A veces roza la autoparodia al exagerar una premisa interesante para transformarla en una franquicia. En definitiva, el encanto de la idea original se ha desvanecido.
Funciona, de manera inteligente, como spoof-movie del género y no sólo eso, sino como una ligera parodia del mismo personaje. Es decir, a pesar de sus pocos riesgos, tiene muy buenos momentos y es un blockbuster en forma.
Un entremés que presenta a una Mata Hari sin dosis de emoción suficiente, satisfaciendo la necesidad de un estreno de Marvel, aunque no ofrece nada que realmente enriquezca.
El filme se desarrolla con seguridad, mostrando un universo cinematográfico bien establecido. Sin embargo, en un momento, la cantidad de conflictos a resolver se vuelve excesiva, lo que impacta el ritmo, especialmente en la segunda mitad, aunque no afecta de forma significativa la película en general.
La película, aunque engancha a su público habitual, presenta los momentos justos de humor y escenas de acción efectivas, aunque también cae en tramos algo aburridos, culminando con un clímax dramático que deja una huella.
El filme ofrece una aguda representación de la descomposición social. Plá demuestra, una vez más, su habilidad para desarrollar una narrativa que aborda temas sociales de manera fluida, sin resultar didáctica y, además, manteniendo el interés del espectador.
La construcción cinematográfica que utiliza Colomer enriquece su obra. Nos presenta un testimonio humano sobre la vida de un niño, pero, ante todo, es una celebración del cine en su forma más pura.
Un filme que no logra representar adecuadamente el canon del género. A pesar de esto, se mantiene en pie y cuenta con algunos momentos de tensión que destacan, aunque no son suficientes para elevar su calidad general.
Decanta por un sutil cinismo y ausencia de formalidad que no sólo mueve a cierta nostalgia sino a una curiosidad alegre y por fortuna en algún punto hasta mal sana.
La serie efectúa una profunda exploración, particularmente a través de testimonios, de una historia de terror, presentada con un enfoque narrativo eficaz.