Las bromas y situaciones en apariencia que rompen el universo cinematográfico no son nada pero nada nuevo. Es un filme de la franquicia hecho y derecho. (...) un lenguaje fílmico mediocre, medianamente entretenida pero carente de la sorpresa del cine.
Un cuadro actoral de excepción al servicio de una comedia hueca superficial y genuflexa con el poder por lo que evita. Estrada prefiere poner como objeto de su crítica a los sectores sociales que al poder. Una lástima, si el director la hizo por legado.
'Recursos humanos' resulta una comedia pesadillesca ambientada en entornos asfixiantes que consigue despertar empatía hacia su protagonista, a pesar de su carácter lamentablemente patético.
Es una muestra de una apuesta cinematográfica íntegra. En algún punto es la esperanza de la belleza, lo inquietante que puede ser el lenguaje cinematográfico.
La idea tiene cierta gracia y presenta algunos buenos momentos de slapstick. Sin embargo, el resultado final es una comedia promedio, similar a un recalentado de un buen platillo. En esta ocasión, no logra mejorar.
Su desparpajo en todo momento es su principal fortaleza. En realidad, resulta un entremés ligero, para pasar un rato entretenido y que es tan saludable como una rebanada de pizza.
La historia de Bong Joon-ho no perdona a ningún personaje. En esta película, no hay lugar para la reivindicación social, ya que todos los personajes son representantes de las fallas familiares del postmodernismo, situados en una aguda comedia del arte.
La dirección carece de un estilo distintivo, lo que permite que Marshall respete el mito del personaje, produciendo un resultado algo automático. En esta nueva perspectiva, lo que resalta no es la impronta del cineasta, sino las características que definen al personaje.
Teatralidad en el universo del relato, con pocos personajes y diálogos agudos, para hacer una tesis de fondo sobre el poder, con el vestido y los encajes de una comedia negra. Excepcional.
El filme se encuentra atrapado entre un guion deficiente que carece de fundamentos sólidos y una trama poco convincente, además de ofrecer un espectáculo que ya no logra impresionar.
Más allá de su aparente ligereza, la película reivindica cinematográficamente al mexicano feo. Su adecuación narrativa le otorga un atractivo especial. El filme protagonizado por Adrián Uribe, en este sentido, logra captar el interés del espectador.
Comedia blanca en el sentido del espíritu, raza, carácter y limitaciones en la psicología de sus protagonistas. No hay la delicia arquetípica en los personajes de la comedia romántica estadounidense clásica.
Un humor inofensivo y adolescente que olvida y traiciona la idea original. Lástima, que la vuelta a la idea, resulte en una traición del espíritu humorístico original.
Nos enfrentamos a una obra madura, donde el director no se regodea en su estilo. Aunque lo manifiesta claramente, hace mínimas concesiones a su público, brindándoles en ciertos momentos lo que esperan, sin traicionar la integridad del filme.
La película juega a conseguir el impacto de un clásico atemporal. Lo logra con éxito y se aleja de la necesidad de justificar la maldad. Es una experiencia enriquecedora para los amantes del cine clásico.
Secuela del filme homónimo de 2013, se siente más manipuladora y poco genuina. A veces roza la autoparodia al exagerar una premisa interesante para transformarla en una franquicia. En definitiva, el encanto de la idea original se ha desvanecido.