Es la fábula social más certera, irreverente, punzante y dolorosa de los últimos años en el cine nacional. La juventud se presenta sin el filtro de una lente complaciente.
Con su exacerbación genérica de una femme fatale millennial, respeta tanto los arquetipos sobre los que se construyen sus personajes, que el único camino a seguir es una parodia, un regodeo festivo sobre el exceso sanguinolento que hace.
Un filme de intrascendencia notable. Hay una magia en el humor de los años ochenta que se extraña; quizás éramos más inocentes en aquel momento o simplemente esta es una secuela decepcionante.
No se vaya con la finta, va más allá de una película infantil. Tiene sus cosas pero al final, mucho más valor como historia de lo que en un principio se antoja.
El problema con Leterrier, el director, es que resulta casi siempre un buen artesano y cuando parece que se va a adecentar, sale con estos asuntos. Bien hecho en lo visual, pero muy mal contado.
Hay que ver con cierta indulgencia a 'Socias en guerra'. Es una película de humor básico que no logra aportar nada novedoso. Simplemente, resulta mala sin matices.
Cine feminista sin etiquetas ni estridencias, que destaca por su dulzura y humanidad. Una obra accesible a sensibilidades que trascienden la moda comercial.
La adaptación fílmica de la obra busca no comprometerse con el espectador, pero carece de audacia y generosidad. En su lugar, presenta una obediente interpretación al lenguaje del cine que, sin embargo, logra ofrecer algunos momentos destacados.
La falta de solemnidad para abordar un episodio sobre la reina Victoria es lo que hace destacar a 'Victoria y Abdul', bajo la dirección del talentoso Stephen Frears.