Más que la historia en sí misma, la película destaca por su propuesta formal, el ingenioso uso de motivos y las inesperadas direcciones de la narración. La cinematografía de Porumboiu es precisa y efectiva.
La producción es mucho más vistosa que la de la película anterior, pero los realizadores se las arreglaron para no perder la dimensión, si se puede decir humana, traviesa, que funcionó tan bien en la primera.
El estilo visual resulta peculiar e interesante; sin embargo, el guion presenta ciertas incoherencias y las escenas que buscan ser emotivas caen en una cursilería excesiva.
Probablemente será un éxito, gracias a sus numerosas virtudes y a ciertos detalles que pueden no ser perfectos, pero que no son relevantes. La película se basa en principios clásicos como la empatía, la moraleja, una ejecución cuidadosa, la catarsis y una resolución satisfactoria.
El casting es estupendo, el timing es perfecto, la filmación se metamorfosea con el estilo televisivo del que la película se burla, y abundan los buenos chistes. Una buena dosis de alegría y crueldad.
El clima es de discreta aunque honda melancolía, con tintes de melodrama. La moraleja difusa parece proponer una mirada amorosa, comprensiva, tolerante y atenta a los múltiples costados de las cuestiones.
Una película llena de energía y militancia. No se puede juzgar con términos como “pedagógica” o “panfletaria”, ya que está diseñada principalmente para evidenciar lo injusto que es la prohibición del aborto.
La película mantiene una tensión constante a lo largo de su totalidad, fusionando un intrincado manejo de la cámara con actuaciones sobresalientes, destacando especialmente la actuación de Antonia Zegers.
Combina elementos confesionales y personales con reflexiones sobre la existencia y la política, incluyendo un discurso feminista directo frente a la cámara y situaciones donde se desvincula de la trama y el personaje.
La película es peculiar y confusa en su localización temporal y espacial. El director se esfuerza en presentar un retrato auténtico del fenómeno religioso, pero su intento resulta tan exagerado que la distopía que muestra se torna en una visión más benevolente de lo que se esperaba.
El verdadero logro de esta serie radica en que es un documental que se centra en la música popular y realmente aborda el tema de la música. Aunque parezca redundante, en la realidad, es algo que se ve con poca frecuencia.
El filme presenta imágenes impresionantes. Sin embargo, el montaje resulta desordenado, priorizando la acumulación de planos sobre la claridad, lo que puede llevar a situaciones confusas incluso en simples conversaciones entre dos personajes.
La creatividad, la originalidad, el amor, el talento exhibido y la intensa poesía de sus contradicciones pueden hacer que, con el tiempo, sea considerada un pequeño clásico de la segunda década del siglo XXI.